Los riesgos de cola de la inflación vistos desde el Nuevo Keynesianismo y desde el Postkeynesianismo. Un documento con dos lecturas.

Elies Furió Blasco & Matilde Alonso Pérez (Universidad de Lyon, Francia)

En una entrada anterior analizamos el documento de trabajo del Banco de España sobre riesgos de cola de la inflación. Incorporamos algunas consideraciones sobre aspectos internos al propio trabajo y su metodología. Eran una crítica interna, formulada en el mismo lenguaje en que el documento está escrito, y por eso mismo limitada. En la realización de una crítica interna puede señalarse que un trabajo no cumple satisfactoriamente con las reglas de su propio juego; sin embargo, no puede señalar qué queda fuera del juego.

Esta entrada hace lo segundo. Lee el mismo documento dos veces, desde los dos lenguajes económicos que han organizado la controversia sobre la inflación reciente, y pregunta qué hace ver cada uno y qué deja en sombra. El ejercicio no busca arbitrar en el sentido de una elección excluyente. Busca mostrar que lo que parece una discusión sobre datos es, en una proporción considerable, una discusión sobre qué cuenta como el objeto a explicar.

El documento, en dos párrafos

De Polis, Fernández-Gallardo y Rosas estiman el efecto de una perturbación de oferta de petróleo no sobre la inflación media, sino sobre distintos puntos de su distribución condicional, en Estados Unidos, la zona del euro y el Reino Unido. La perturbación procede de Känzig y se identifica mediante las sorpresas de los futuros del crudo en torno a los anuncios de la OPEP; se calibra de modo que el precio real del petróleo suba un 10 % en el impacto.

El hallazgo del trabajo puede presentarse así: en el impacto suben los tres cuantiles a la vez, de modo que la distribución se desplaza sin cambiar de forma; doce meses después, la mediana y el cuantil 10 han revertido pero el cuantil 90 sigue entre medio punto y siete décimas por encima. La distribución ha adquirido asimetría positiva. De ahí concluyen que el objeto relevante de la política monetaria es la distribución completa de la inflación futura y no su tendencia central, y que ante un balance de riesgos inclinado al alza cabe un endurecimiento preventivo.

Primera lectura: el lenguaje del Nuevo Keynesianismo

Conviene empezar reconociendo lo evidente: este documento es un ejemplar excelente de su lenguaje, y lo es precisamente porque lo enriquece desde dentro.

Léxico y problemática

El vocabulario del trabajo no deja lugar a dudas sobre su filiación: perturbación estructural identificada, cuantil condicional, fijación de precios dependiente del estado, umbral de revisión, pendiente de la curva de Phillips, tasa de sacrificio, regla de tipos con respuesta no lineal a la inflación, anclaje de expectativas. La problemática que organiza el texto es la problemática constitutiva de este lenguaje: cómo se determina la inflación en presencia de rigideces nominales y de un banco central que sigue una regla, y cómo debe esa regla responder.

La innovación del trabajo es interna a ese lenguaje y no es menor. Sustituye la tendencia central por la distribución condicional completa como objeto de la política. Es un enriquecimiento genuino: el lenguaje gana capacidad para decir algo que antes no podía decir, a saber, que una perturbación puede dejar intacto el escenario central y alterar sustancialmente el balance de riesgos. Quien crea que los lenguajes científicos son estructuras rígidas debería mirar este documento: es un lenguaje trabajando en su propio desarrollo.

Lo que el lenguaje ilumina

Tres cosas, con nitidez. Primero, la separación entre desplazamiento y deformación de la distribución, que en su formulación agregada es una distinción limpia y verificable. Segundo, la conexión inmediata con un instrumento operativo: si el balance de riesgos se inclina, la regla de tipos puede incorporar ese sesgo, y los autores citan la formulación de una regla cuyo coeficiente de respuesta crece con el cuadrado de la desviación de inflación. Tercero, la microfundamentación: los costes de menú generan una región de inacción, y cuando las presiones de coste se acumulan más empresas cruzan el umbral, la curva se empina y responder cuesta menos producto por punto de desinflación.

Su anomalía interna

Y, sin embargo, el propio documento reconoce que ese mecanismo no basta. Una curva de Phillips más inclinada explica la amplificación contemporánea, no la persistencia del cuantil 90 un año después. Los autores lo dicen con todas las letras y desplazan la carga explicativa hacia la formación de expectativas, sin medirlas.

Ese punto merece atención, porque en el análisis de un lenguaje científico las anomalías reconocidas son más informativas que los éxitos. Aquí hay un hecho estilizado, la persistencia de la cola derecha, que el núcleo del lenguaje no genera y que se atribuye a un mecanismo auxiliar no contrastado. Retengamos la anomalía para volver luego sobre ella.

Segunda lectura: el lenguaje del Postkeynesianismo

Cambiemos de lenguaje. La problemática constitutiva es ahora otra: cómo se reparte el producto entre los grupos sociales y cómo ese reparto se dirime a través de los precios. El léxico también: margen sobre coste medio normal, poder de mercado, conflicto distributivo, precios sistémicamente significativos, inflación de vendedores.

El objeto identificado es la decisión de un cartel

La primera observación es la más incómoda, y nace del propio diseño de identificación. Lo que el documento llama perturbación exógena de oferta se construye midiendo cómo reaccionan los futuros del crudo a los comunicados de la OPEP, una organización que agrupa a una fracción muy elevada de la producción mundial de crudo y cuya función declarada es fijar techos de producción y cuotas por país.

En el primer lenguaje (neokeynesiano), ese suceso es una noticia exógena sobre la oferta futura: un elemento del entorno al que la economía responde. En el segundo (postkeynesiano), es una decisión estratégica de fijación adoptada por un oligopolio con poder de mercado: un acto de un agente, no un rasgo del entorno. Los dos lenguajes describen el mismo comunicado de prensa y nombran cosas distintas. El diseño econométrico es impecable en cualquiera de los dos; lo que cambia es qué se considera explicado cuando se ha estimado la respuesta: El instrumento del estudio son los anuncios de un cartel. Un lenguaje los trata como choques del entorno; el otro, como decisiones de un actor. Ninguna estimación decide cuál de las dos descripciones es la pertinente.

Del pozo al surtidor: la cadena que el documento no mira

La segunda observación es empírica y tiene consecuencias. El trabajo mide la perturbación en el precio del crudo y el resultado en el índice de precios de consumo, y no dice nada de lo que ocurre entre ambos extremos: refino, distribución mayorista, estaciones de servicio, estructura de márgenes en cada eslabón.

Ese silencio es significativo porque existe una regularidad documentada desde hace décadas, conocida como cohetes y plumas: los precios minoristas de los carburantes suben deprisa cuando sube el crudo y bajan despacio cuando baja. Si esa asimetría opera en la cadena de transmisión, entonces una parte de lo que el documento identifica como cola derecha de la distribución de la inflación podría ser, sencillamente, la cola de una distribución de márgenes. La diferencia importa: en un caso el banco central se enfrenta a un problema de anclaje nominal, en el otro a un problema de estructura de mercado, y los instrumentos adecuados no son los mismos.

Conviene ser justo: el primer lenguaje puede incorporar esa asimetría, y de hecho lo hace bajo la etiqueta de traslación asimétrica o de fijación dependiente del estado. Lo que no hace es generarla desde sus reglas centrales de articulación, porque en su aparato el margen es un objeto derivado y, en condiciones normales, constante, cuyas desviaciones agregadas se procesan como residuos exógenos. Lo que en un lenguaje es un residuo del modelo, en el otro es el objeto primario.

El petróleo como precio sistémicamente significativo

La tercera observación reinterpreta el hallazgo central. En la formulación contemporánea de la inflación de vendedores, ciertos precios son sistémicamente significativos: su posición en la matriz de relaciones interindustriales hace que una variación en ellos se propague por la estructura de costes de toda la economía con retardos largos y desiguales. El crudo es el ejemplo canónico.

Desde ahí, que la cola derecha de la inflación permanezca elevada un año después de la perturbación no es una anomalía: es lo que cabe esperar de un precio situado aguas arriba de casi todo, cuya propagación recorre eslabones sucesivos a velocidades distintas, y cuyo encarecimiento ofrece, además, en sectores concentrados, una ocasión y una coartada para elevar márgenes que la opacidad informacional del consumidor sobre la estructura de costes vuelve viable.

La tercera trampa homófona: «distribución»

El documento sostiene que preservar la estabilidad de precios exige una perspectiva distributiva. La frase es literal y es correcta en su lenguaje. Pero la distribución de la que habla es la distribución condicional de un escalar agregado sobre los estados posibles del mundo: qué inflación media habrá si se materializa el escenario adverso en lugar del central. En el otro lenguaje, la palabra distribución designa otra cosa por completo: el reparto del producto entre salarios y beneficios, y entre hogares de distinto nivel de renta.

Ambas acepciones son legítimas y ambas tienen tradición. Lo que no es legítimo es deslizarse de una a otra sin advertirlo, y la expresión perspectiva distributiva invita a ese deslizamiento. Un lector no especializado que leyera el resumen del documento podría creer razonablemente que el trabajo dice algo sobre quién paga la inflación del petróleo. No dice nada sobre eso, ni pretende decirlo. Es la misma estructura homófona que afecta a los términos margen y expectativas: la palabra es la misma, la red conceptual en la que cobra sentido es divergente.

Los tres criterios aplicados a este documento

Reconocer dos lenguajes no obliga a la equidistancia. La comparación puede realizarse con criterios explícitos: comprensividad, o capacidad de reformular en términos propios lo que el otro dice; profundidad analítica, o finura de los mecanismos que permite distinguir bajo el fenómeno; y orientación para la acción, o capacidad de conectar instrumentos identificables con resultados identificables.

Los tres criterios ante el objeto «cola derecha de la inflación tras una perturbación petrolera»

CriterioLenguaje neokeynesianoLenguaje postkeynesiano
ComprensividadIntegra la traslación asimétrica como fijación dependiente del estado, y el margen como residuo. No genera la pregunta de quién fija el precio.Integra la cola derecha como comportamiento de márgenes en sectores concentrados. No genera el aparato de proyecciones por cuantiles ni el canal de expectativas.
ProfundidadDesciende al micro de la revisión de precios: coste de cambiar el precio, distribución de desfases, umbral de inacción.Desciende a los mecanismos sectoriales: concentración en refino y distribución, coordinación implícita, opacidad de costes ante el consumidor.
Orientación para la acciónInstrumento único y operativo: regla de tipos con respuesta al balance de riesgos, comunicación y anclaje. Traducible de inmediato a una decisión de consejo.Menú amplio: intervención sobre el precio estratégico, política de competencia, fiscalidad redistributiva. Más lento y más exigente institucionalmente.

Fuente: elaboración propia, siguiendo los criterios formalizados en el trabajo del autor sobre los lenguajes de la inflación.

El primer lenguaje es superior sobre la dimensión nominal y en operatividad inmediata; el segundo lo es sobre la dimensión distributiva y sectorial, y en amplitud del menú. La suma no compone una superioridad global de ninguno de los dos.

La anomalía como prueba

Volvamos ahora al punto que dejamos pendiente, porque es donde el ejercicio deja de ser una taxonomía y se vuelve informativo.

La persistencia del cuantil 90 doce meses después de la perturbación es, para el primer lenguaje, una anomalía: su núcleo no la genera y hay que explicarla con una hipótesis auxiliar, el desanclaje de expectativas, que el documento no contrasta y sobre la que la evidencia disponible, en el propio artículo del que procede el instrumento, apunta más bien en sentido contrario, ya que las expectativas de los previsores profesionales apenas se mueven.

Para el segundo lenguaje, esa misma persistencia no es una anomalía sino una implicación directa de su núcleo: márgenes que se elevan con rapidez y se revierten con lentitud, y un precio sistémicamente significativo cuya propagación por la estructura interindustrial es necesariamente lenta y desigual.

Esto no demuestra que el segundo lenguaje tenga razón. Un lenguaje que predice un hecho puede estar prediciéndolo por el mecanismo equivocado. Lo que sí muestra es algo metodológicamente relevante: el hecho estilizado que el documento considera su hallazgo principal ocupa posiciones opuestas en la arquitectura de los dos lenguajes. En uno es un residuo que obliga a añadir una hipótesis auxiliar; en el otro es una consecuencia del núcleo. Ese es, exactamente, el tipo de situación en que la controversia deja de ser decidible por acumulación de estimaciones agregadas y pasa a exigir un contraste diseñado a propósito.

El contraste que arbitraría

Y ese contraste es formulable, lo cual es la mejor noticia de toda esta discusión. Existe una descomposición contable, empleada por Bernanke y Blanchard y aplicada por el BCE a la zona del euro, que expresa la inflación del deflactor del producto como suma de tres contribuciones identificables: costes laborales unitarios, beneficios unitarios y precios de importación. No es una teoría: es una identidad derivada de la cuenta de explotación, y ambos lenguajes la aceptan como descripción.

La propuesta es directa. Aplíquense las proyecciones locales por cuantiles del documento, con el mismo instrumento y la misma muestra, no a la inflación agregada sino a cada uno de los tres componentes de esa descomposición. Si la cola derecha persistente de la inflación general se corresponde con una cola derecha persistente de la contribución de los beneficios unitarios, la lectura del segundo lenguaje queda reforzada. Si se corresponde con la contribución de los precios de importación y de los costes laborales, y la contribución de los beneficios revierte con la mediana, la lectura del primero queda reforzada.

El ejercicio es factible con datos públicos de contabilidad nacional trimestral, exige exactamente el mismo aparato econométrico que el documento ya emplea, y produciría un resultado que ninguno de los dos lenguajes podría descartar como ajeno a su problemática. Es, en el vocabulario de esta serie, un contraste conmensurable: aquello que hace que el pluralismo de lenguajes no degenere en relativismo.

Qué queda de todo esto

Tres cosas. La primera es que el documento del Banco de España es un buen trabajo del primer lenguaje y que sus silencios no son negligencias de los autores sino propiedades de la estructura conceptual en que trabajan. Reprocharle que no hable de márgenes en el refino es como reprochar a un mapa de carreteras que no indique el relieve geológico.

La segunda es que esos silencios tienen consecuencias prácticas, porque la recomendación de política se sigue del lenguaje y no solo de los datos. Un endurecimiento preventivo es la conclusión natural si el problema es el anclaje nominal. Si una parte del fenómeno es de estructura de mercado, ese instrumento actúa sobre la variable equivocada y recae, además, sobre los hogares que ya soportan la mayor parte del encarecimiento energético.

La tercera es que la elección entre ambas lecturas no está condenada a la retórica. Hay un contraste disponible, barato y aceptable para las dos comunidades. Mientras no se haga, lo que tenemos no es evidencia a favor de una tesis, sino un hallazgo agregado compatible con dos historias muy distintas sobre lo que ocurre bajo él.

Fuentes

De Polis, A., Fernández-Gallardo, Á. y Rosas, J. N. (2026), Oil supply shocks and inflation tail risks, Documentos de Trabajo n.º 2622, Banco de España. doi.org/10.53479/44148

Känzig, D. R. (2021), The macroeconomic effects of oil supply news: evidence from OPEC announcements, American Economic Review 111(4), 1092-1125. doi.org/10.1257/aer.20190964

Bernanke, B. S. y Blanchard, O. J. (2025), What caused the US pandemic-era inflation?, American Economic Journal: Macroeconomics 17(3), 1-35.

Weber, I. M. y Wasner, E. (2023), Sellers’ inflation, profits and conflict: why can large firms hike prices in an emergency?, Review of Keynesian Economics 11(2), 183-213.

Weber, I. M., Lara Jauregui, J., Teixeira, L. y Nassif Pires, L. (2024), Inflation in times of overlapping emergencies: systemically significant prices from an input-output perspective, Industrial and Corporate Change 33(2), 297-341.

Arce, Ó., Hahn, E. y Koester, G. (2023), How tit-for-tat inflation can make everyone poorer, The ECB Blog, 30 de marzo. ecb.europa.eu

Golosov, M. y Lucas, R. E. (2007), Menu costs and Phillips curves, Journal of Political Economy 115(2), 171-199. doi.org/10.1086/512625

Borenstein, S., Cameron, A. C. y Gilbert, R. (1997), Do gasoline prices respond asymmetrically to crude oil price changes?, Quarterly Journal of Economics 112(1), 305-339.

Kuhn, T. S. (1987), What are scientific revolutions?, en L. Krüger, L. J. Daston y M. Heidelberger (eds.), The Probabilistic Revolution, vol. 1, MIT Press, 7-22.

Furió Blasco, E. (2005), Los lenguajes de la Economía. Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía, edición digital, ISBN 84-689-3024-5. eumed.net/libros/2005/efb/

Los tres criterios de comparación asimétrica entre lenguajes que se aplican en esta entrada proceden de un artículo en preparación del autor sobre el episodio inflacionario 2021-2024.

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