Mercados de obligaciones internacionales: oferta récord, tensión en los rendimientos y divergencia franco-española

1. Resumen

  • El mercado global de obligaciones atraviesa una paradoja aparente: la demanda absoluta de deuda —soberana, corporativa tecnológica y bancaria— es históricamente alta (sobresuscripciones de 4 veces o más en emisiones investment grade, diferenciales AT1 en mínimos históricos), pero los rendimientos suben con fuerza porque la oferta crece todavía más deprisa.
  • El bono estadounidense a 30 años tocó el 18 de agosto su nivel más alto en 19 años (5,33 %, máximo desde junio de 2007); el de 10 años se sitúa en el 4,73 %, arrastrados por la persistencia inflacionaria, el choque petrolero derivado de la tensión con Irán y una oleada sin precedentes de emisión corporativa ligada a la inteligencia artificial.
  • La deuda pública de EE.UU. superó los 40 billones de dólares en agosto de 2026: el 124-126 % del PIB según la métrica empleada (IMF/CBO), con un déficit fiscal 2026 proyectado en el 5,8 % del PIB — cifras que verificamos en el apartado 8.4 frente a fuentes primarias (Tesoro, IMF, CBO).
  • En la eurozona, Francia paga ya la mayor prima de riesgo de su historia frente a España; el bono francés a 10 años roza el 4 %, nivel no visto desde 2008-2009, mientras el español se mantiene alrededor del 3,6 %.
  • España mantiene un diferencial favorable, con coste de financiación contenido y demanda robusta en las subastas del Tesoro; Francia arrastra fragilidad fiscal estructural e inestabilidad parlamentaria recurrente.
  • El riesgo de fondo no es una «crisis de demanda» sino una recalificación global del riesgo soberano y de la prima por plazo (term premium), visible simultáneamente en EE.UU., Japón, Francia y Alemania — un fenómeno estructural, no idiosincrático de un solo emisor.

2. Panorama global: oferta récord y demanda robusta que no da abasto

El movimiento de fondo del verano de 2026 combina varias fuerzas que operan en la misma dirección alcista sobre los tipos de largo plazo. La emisión corporativa estadounidense de agosto superó los 145.000 millones de dólares, un récord para ese mes, mientras que la emisión investment grade agregada para el conjunto del año se proyecta entre 1,8 y 2,25 billones de dólares. A ello, se suma la persistencia de riesgos inflacionarios, unos déficits públicos elevados en varias economías avanzadas y un choque energético: el Brent ronda los 90-95 dólares por barril, en un contexto de tensión con Irán que reaviva el temor a un nuevo shock de precios.

La consecuencia es una correlación entre bonos y acciones que, según analistas citados por la prensa financiera, es la más negativa desde 1997: el mercado de renta fija se está guiando más por las expectativas de inflación que por las de crecimiento, lo que penaliza especialmente a los tramos largos de la curva.

2.1 El factor tecnológico: la deuda de la Inteligencia Artificial

El elemento más novedoso de este ciclo es la irrupción de las grandes tecnológicas como emisores masivos de deuda investment grade. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle (los hyperscalers) emitieron, en conjunto, en torno a 121.000 millones de dólares en bonos corporativos en 2025, más de cuatro veces su media anual de 2020-2024. En lo que va de 2026, esa cifra ya se sitúa entre 220.000 y 225.000 millones de dólares hasta mediados de agosto. JPMorgan ha elevado su previsión de emisión de deuda del sector tecnológico, medios y telecomunicaciones para el conjunto de 2026 hasta 540.000 millones de dólares.

Estas emisiones se caracterizan por plazos muy largos, coherentes con la vida útil multidecenal de los centros de datos, lo que añade duración al mercado en un momento en que los inversores ya lidian con una prima por plazo estructuralmente al alza. La demanda relativa sigue siendo sólida —sobresuscripciones frecuentes de 4 veces o más— y el apalancamiento post-emisión de los hyperscalers se mantiene bajo (0,4-0,7 veces EBITDA), lo que sostiene su calidad crediticia. Aun así, el propio volumen de la oferta actúa ya como factor autónomo de presión sobre los rendimientos.

No obstante, una parte creciente de esta financiación —estimada en torno a 800.000 millones de dólares para centros de datos— discurre por canales de crédito privado y estructuras fuera de balance, con menor transparencia que la deuda pública cotizada.

2.2 El factor bancario: apetito histórico por deuda subordinada

En paralelo, el mercado de deuda bancaria, en particular los bonos AT1 o CoCos, vive un momento de demanda extraordinaria. Los diferenciales del índice global de CoCos de Bloomberg se han estrechado hasta situarse cerca de su mínimo histórico, y bancos como Banco Santander o NatWest han colocado emisiones AT1 con opción de amortización a diez años, frente a los cinco habituales, para fijar su coste de capital durante una década. Este tipo de emisiones «non-call 10» representa ya una cuarta parte de las nuevas emisiones en divisas principales este año.

También el segmento de cédulas hipotecarias (covered bonds) refleja este apetito: las colocaciones recientes han cerrado con demanda de más de tres veces el importe adjudicado y diferenciales en mínimos de sus respectivos programas.

3. Zona euro: la divergencia franco-española

La tabla siguiente recoge las diferencias entre las economías europeas.

  Emisor soberanoRdto. 10 años (~18-22 ago 26)Prima vs Bund (pb)Contexto reciente
Alemania (Bund)Referencia («suelo»)Rentabilidades en máximos desde 2011
España≈3,6 %Contenida; por debajo de Francia, ItaliaSindicación de enero 2026: demanda récord de 145.000 M€
Francia (OAT)≈3,9-4,0 %>30 pb sobre España (máx. histórico)Máximo desde 2008; crisis presupuestaria recurrente
Italia≈3,9 %Similar a Francia, pese a peor partida históricaMejoras de rating (Fitch, Moody’s, S&P) en 2025-26
EE.UU. (30 años)5,33 % (18 ago.)n/aMáximo desde junio 2007 (19 años); 10 años en 4,73 %

Elaboración propia a partir de fuentes citadas en el apartado 10. Los niveles de rendimiento son aproximados y corresponden a la sesión de referencia del 18-23 de agosto de 2026; el mercado de renta fija es dinámico.

3.1 Francia: prima de riesgo en máximos históricos frente a España

El bono francés a diez años ha llegado a rozar el 4 % de rentabilidad, un nivel no visto desde 2008-2009, y la prima de riesgo de Francia frente a España ha superado los 30 puntos básicos, un máximo histórico para ese diferencial. La causa es fundamentalmente fiscal y política: Francia arrastra un déficit estructural elevado y casi dos años de inestabilidad parlamentaria y gubernamental. El Gobierno de Sébastien Lecornu logró sacar adelante el presupuesto de 2026 recurriendo al artículo 49.3 de la Constitución, pero el objetivo de situar el déficit en el entorno del 5 % del PIB en 2026-2027 sigue siendo difícil de cumplir. Francia permanece bajo el procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea, lo que mantiene abierta la puerta a nuevas rebajas de calificación crediticia.

3.2 España: fundamentales que sostienen una prima contenida

España ha consolidado un «sorpasso» favorable frente a Francia: el bono español a diez años apenas ha sumado 60 puntos básicos desde finales de febrero de 2026, muy por debajo del repunte francés. El crecimiento económico interanual del 2,4 % en el primer trimestre, un déficit público del 3,1 % del PIB en 2025 con trayectoria descendente y el respaldo de la Comisión Europea a la senda de ajuste sostienen la confianza inversora. La sindicación del Tesoro de enero de 2026 alcanzó una demanda récord de 145.000 millones de euros.

4. Implicaciones para España

  • Coste de financiación soberana: prima de riesgo contenida frente a Francia e Italia, lo que abarata el coste marginal de emitir nueva deuda.
  • Sector bancario: el apetito extraordinario por deuda AT1 permite a entidades como Banco Santander fijar su coste de capital regulatorio a diez años en condiciones muy favorables, una circunstancia que, en modo alguno, debe considerarse como permanente.
  • Riesgo de contagio: un episodio de estrés en los Treasuries o en el Bund alemán se trasladaría, con menor intensidad a la deuda española; pero, no debe olvidarse que la traslación será real.
  • Vulnerabilidad estructural: el diferencial favorable frente a Francia es en parte un fenómeno relativo (Francia empeora más rápido de lo que España mejora) y, en absoluto, no debe interpretarse como inmunidad.

5. Implicaciones para Francia

  • Coste de financiación estructuralmente más caro, con deuda pública que supera ampliamente el 110 % del PIB y efecto bola de nieve sobre el déficit.
  • Riesgo político persistente: presupuesto 2026 aprobado sin mayoría real; elecciones municipales de marzo 2026 y presidenciales de 2027 mantienen la incertidumbre fiscal abierta.
  • Riesgo de rating bajo el procedimiento de déficit excesivo de la UE.
  • Los emisores franceses probablemente paguen una prima idiosincrásica creciente frente a comparables alemanes o españoles.

6. El mercado de deuda de EE.UU. La intervención del Tesoro y el papel de la Fed

Esta sección amplía la nota con varios elementos que conectan el episodio estadounidense de agosto de 2026 con el marco analítico ya desarrollado (canal de prima por plazo, distinción QT activo/pasivo, agenda estructural de Warsh): (i) la naturaleza exacta de la intervención del Tesoro; (ii) la línea de swap con el Banco de Japón; (iii) la cuestión de independencia de la Fed que se desprende de las expectativas del mercado sobre Jackson Hole; y (iv) el mecanismo contable concreto de financiación de las recompras.

6.1 Recompras del Tesoro: gestión de deuda, no política monetaria

El 20 de agosto el Tesoro estadounidense anunció que duplicaría el ritmo de sus recompras (buybacks) de deuda de largo plazo, apenas dos semanas después de haber fijado los objetivos trimestrales para esa misma operación. El movimiento sorprendió al mercado y produjo un descenso inmediato, pero limitado y reversible, de los tipos largos.

Conviene clasificar esta medida con precisión dentro de la taxonomía que ya usamos para distinguir actores y mandatos en el mercado de deuda soberana: la decisión no la toma el FOMC ni responde a un objetivo de política monetaria (inflación, empleo), sino a la gestión operativa de la cartera de deuda del Tesoro; con una función de suavizar la curva de rendimientos y facilitar la liquidez secundaria, no endurecer o relajar las condiciones financieras agregadas. Es, en sentido estricto, política de gestión de deuda (debt management), competencia fiscal, no monetaria.

Actor / instrumentoNaturaleza de la decisiónEjemplo en este episodio (ago. 2026)
Reserva Federal (FOMC)Política monetaria: QT activo/pasivo sobre su propio balanceRégimen de «reservas amplias» desde dic. 2025; sin QT activo declarado
Tesoro de EE.UU. (Bessent)Gestión de deuda / política fiscal: composición de la emisión, no su volumen agregadoDuplicación de recompras (buybacks) de deuda de largo plazo, anunciada sin previo aviso
Banco de Japón (vía swap line)Gestión de reservas extranjeras de un tercer país, facilitada por EE.UU.Línea de financiación en dólares para evitar venta de Treasuries al defender el yen

Esta distinción explica por qué el efecto ha sido efímero: el volumen de las nuevas recompras es inferior al de una subasta estándar del Tesoro, y las operaciones se financian emitiendo más deuda a corto plazo; es decir, no reducen la duración agregada en manos del mercado, solo la recomponen. Bajo el canal de prima por plazo que veníamos desarrollando, una intervención que no reduce la oferta neta de duración no puede comprimir de forma sostenida esa prima; de ahí que los tipos largos hayan vuelto a acercarse a los máximos previos al anuncio en cuestión de días. El mercado (Edmond de Rothschild, ING, Muzinich) ha leído la medida sobre todo como señal política de que Washington vigila el mercado de bonos, más que como palanca con capacidad de alterar de forma duradera los rendimientos.

La predicción se confirmó con un margen mayor del esperado: según datos de rendimiento de la Reserva Federal, el 30 años revirtió la totalidad del repunte inicial del anuncio del 19 de agosto en apenas 48 horas, antes incluso de que se ejecutara una sola operación de compra. El propio mecanismo duración-neutral que describimos explica el sentido del movimiento, pero de manera incompleta la velocidad: el mercado no se limitó a descontar la magnitud técnica limitada de la medida, sino que la interpretó directamente como intento de gestión de precios más que de liquidez, anticipando su ineficacia antes de que hubiera datos que la mostraran.

A esta lectura mecanicista se suma una crítica de Economía política que la complementa sin sustituirla: Stanley Druckenmiller (antiguo mentor de Bessent en el Quantum Fund de Soros) publicó el 25 de agosto un artículo de opinión en The Wall Street Journal calificando la medida de «gestión de precios» y no de gestión de liquidez, y advirtiendo de que «los gobiernos que defienden precios contrarios a los fundamentales siempre pierden». Su argumento retoma la doctrina del bond vigilante (acuñada por Ed Yardeni a principios de los ochenta y popularizada durante el episodio Clinton de 1993-94): el rendimiento del bono largo funciona como disciplinador presupuestario sustitutivo cuando la disciplina electoral o institucional falla. El matiz más relevante de su intervención no es el tópico habitual («el mercado está castigando el déficit»), sino más específico: con el 10 años cerca del crecimiento nominal, las condiciones financieras eran neutras, no restrictivas; el mercado apenas empezaba a ejercer esa función disciplinadora cuando el Tesoro intervino para acallarla, antes incluso de que se manifestara plenamente.

6.2 La línea de swap con el Banco de Japón: gestión de reservas extranjeras, no intervención cambiaria directa

A principios de agosto, y en el marco del acuerdo comercial con Japón, Bessent pactó una línea de financiación para que el Banco de Japón pueda defender el yen sin tener que vender Treasuries de su cartera de reservas. Encaja en la tercera categoría de nuestra taxonomía: es una decisión que EE.UU. facilita, pero que responde a la política de gestión de reservas de un tercer país, no a su propia política monetaria ni a intervención cambiaria bilateral directa sobre el yen.

El objetivo declarado es preventivo: Japón es uno de los mayores tenedores extranjeros de deuda estadounidense (en torno a 1,1 billones de dólares, aproximadamente el 12 % de las tenencias extranjeras totales a junio de 2026), y una venta de Treasuries por parte del BoJ para intervenir en el mercado de divisas actuaría, desde la perspectiva de EE.UU., como un choque de demanda externo negativo sobre su propio mercado de deuda. La swap line neutraliza ese canal de contagio sin que la Fed tenga que intervenir.

6.3 El mecanismo TGA: cómo se financian las recompras sin emisión neta inmediata

El apartado 8.1 explica por qué las recompras no comprimen de forma sostenida la prima por plazo: se financian con emisión de corto plazo, de modo que no reducen la duración agregada en manos del mercado. Conviene precisar el canal contable concreto que hace posible esa operación sin emisión neta inmediata.

El Tesoro mantiene en la Reserva Federal una cuenta corriente, la Treasury General Account (TGA), con un saldo cercano a un billón de dólares en agosto de 2026. Cuando el Tesoro utiliza el TGA para recomprar deuda de largo plazo en manos privadas, el saldo de esa cuenta, un pasivo de la Fed, disminuye en la misma cuantía en que aumentan las reservas bancarias, otro pasivo de la Fed. No hay creación neta de base monetaria: es una permuta entre dos pasivos del banco central, no una expansión de su balance. El efecto de liquidez sobre el sistema bancario es, sin embargo, real e inmediato: efectivo hasta entonces inmovilizado en la cuenta del Tesoro pasa a formar parte de las reservas del sistema.

Esta permuta de pasivos explica un efecto colateral que el análisis puramente centrado en la prima por plazo no captura por sí solo: para un banco que vende al Tesoro un bono largo, la operación sustituye en su balance un activo sensible a tipos por reservas líquidas en la Fed, reduciendo su riesgo de duración en el mismo momento en que aumenta su liquidez. Es un canal de transferencia de riesgo hacia el balance público, no de compresión de rendimientos; y, la medida opera sobre la distribución del riesgo de duración en el sistema, no sobre su volumen agregado ni, de forma sostenida, sobre su precio.

Aviso: este documento tiene finalidad informativa y de análisis de mercado; no constituye asesoramiento financiero, jurídico ni recomendación de inversión personalizada. Los niveles de rentabilidad y prima de riesgo citados corresponden a las fechas de referencia indicadas y están sujetos a variación diaria. El autor de esta nota no es un asesor financiero registrado.

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Cuando el Tesoro hace de banco central: la transmisión de las intervenciones de deuda pública a las hipotecas y al crédito empresarial

Cuando un hogar estadounidense pregunta hoy por qué su hipoteca a 30 años cuesta 6,77 % o una empresa mediana por qué su línea de crédito sindicado se encarece, la respuesta intuitiva suele apuntar a la Reserva Federal. Es una respuesta incompleta. Desde el verano de 2026, el Departamento del Tesoro, y no el banco central, se ha convertido en un actor activo y visible en la formación de los tipos de interés de largo plazo, mediante un programa ampliado de recompras de deuda (buybacks), una gestión inusualmente agresiva de su cuenta en la Reserva Federal (la Treasury General Account, TGA) y decisiones de composición de emisión que alteran la cantidad de duración que el sector privado debe absorber.

Apoyándose en el aparato conceptual de la Economía monetaria y de la estructura temporal de tipos de interés, se desarrolla a continuación una explicación de cómo estas decisiones del Tesoro se transmiten, siempre con distinta intensidad y por canales distintos, al tipo hipotecario y al coste del crédito empresarial. La tesis central es sencilla de enunciar y más compleja de verificar empíricamente: el Tesoro está ensayando, con instrumentos de gestión de deuda, algo que se parece funcionalmente a una operación de banca central, y los mercados, hasta ahora, se muestran solo parcialmente convencidos de su eficacia.

1. El armazón conceptual: cómo se fija el precio del crédito privado

Prácticamente todo instrumento de crédito en dólares se descompone, a efectos de pricing, en dos bloques:

tipo de interés del crédito privado = tipo de referencia libre de riesgo + prima (spread)

El primer bloque, el tipo libre de riesgo, se ancla en la curva de rendimientos del Tesoro estadounidense. La literatura de estructura temporal de tipos de interés descompone a su vez ese rendimiento en dos componentes:

rendimiento a n años ≈ expectativa media del tipo de corto plazo durante n años + prima por plazo (term premium)

El primer componente del rendimiento libre (en parte) de riesgo refleja la trayectoria esperada de la política monetaria de la Reserva Federal. El segundo, la prima por plazo, es la compensación que exige el inversor por mantener duración, y depende de factores de oferta y demanda de activos seguros: cuánta deuda de largo plazo debe absorber el sector privado, cuán líquida es esa deuda, y cuánta incertidumbre fiscal incorpora el mercado. Los modelos de “preferred habitat” (Vayanos y Vila, 2009; Greenwood y Vayanos, 2014) y el trabajo de Krishnamurthy y Vissing-Jorgensen (2012) sobre la demanda agregada de deuda del Tesoro establecen un resultado importante en este análisis: la composición y el volumen de la emisión neta de deuda pública no son neutrales para el nivel de los tipos de largo plazo, incluso aunque se mantuviese constante la trayectoria esperada de tipos de corto plazo de la Fed. El modelo ACM (Adrian, Crump y Moench, 2013) de la Fed de Nueva York es la referencia estándar para descomponer empíricamente ambos componentes.

Esto es lo que hace relevante, y no meramente anecdótico, que el Tesoro (el emisor, no el banco central) esté interviniendo activamente sobre la oferta neta de duración.

2. Qué está haciendo el Tesoro ahora mismo

El 5 de agosto de 2026, el Tesoro publicó su anuncio trimestral de refinanciación (Quarterly Refunding Announcement, QRA). Ofreció 125.000 millones de dólares en valores para refinanciar aproximadamente 96.300 millones en vencimientos, captando unos 28.700 millones de dólares de caja nueva del sector privado, con tamaños de subasta sin cambios: 58.000 millones a 3 años, 42.000 millones a 10 años y 25.000 millones en bonos a 30 años[1]. La estrategia declarada sigue privilegiando la financiación mediante letras del Tesoro (T-bills) de corto plazo: la emisión de letras a 4 semanas promedia en 2026, unos 94.000 millones de dólares por subasta, frente a 47.000 millones en 2016, consolidándose como el mayor instrumento de financiación del Tesoro en términos de volumen[2].

Lo verdaderamente novedoso ocurrió a mediados de agosto. Tras un repunte de los rendimientos de largo plazo (el bono a 30 años llegó a tocar 5,23 %, su nivel más alto desde 2007), el secretario Bessent anunció una ampliación sustancial del programa de recompras de bonos “off-the-run” (emisiones antiguas, menos líquidas) en el tramo largo, duplicando el tamaño mínimo de cada operación de 2.000 a al menos 4.000 millones de dólares, con operaciones de mayor tamaño en el tramo de 10 a 30 años a partir del 9-10 de septiembre[3]. Bessent bautizó la operación como “Treasury Twist”, en referencia deliberada a la Operation Twist de la Reserva Federal de 2011: comprar duración larga pagando con instrumentos de corto plazo, con el objetivo de aplanar la curva y comprimir los rendimientos largos sin necesariamente ampliar la emisión neta total.

El elemento más significativo, sin embargo, es cómo se está financiando esa operación. En lugar de anunciar más emisión de letras para pagar las recompras (lo que habría sido fiscalmente neutral en términos de duración neta absorbida por el mercado), el Tesoro ha dejado abierta la posibilidad de financiarlas con cargo a su saldo en la TGA, que se situaba en torno a 935.000-967.000 millones de dólares a finales de agosto, cifra que prácticamente duplica el objetivo declarado durante la administración anterior (550.000-600.000 millones)[4][5]. Si las recompras se financian con caja ya acumulada en lugar de con nueva emisión, la operación se acerca más a una verdadera contracción de la duración neta ofrecida al mercado (el equivalente fiscal de una intervención de banco central) que a una simple recomposición de la cartera de deuda existente.

3. El canal hacia el tipo hipotecario

El tipo hipotecario fijo a 30 años en Estados Unidos se fija, en la práctica, como el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años más un diferencial (“spread primario-secundario”) que compensa el riesgo de prepago, la comisión de garantía y el margen del originador, y que depende de la liquidez del mercado de MBS de agencia (TBA). Este diferencial ha oscilado históricamente en torno a 150 puntos básicos en condiciones normales, pero se sitúa actualmente cerca de 190-200 puntos básicos, ésta es una cifra elevada respecto al patrón de largo plazo, pero muy próxima a su propia media de los últimos doce meses[6][7]. Esto es analíticamente importante: significa que el diferencial no está ampliándose por factores idiosincráticos del mercado hipotecario (tensión de liquidez, riesgo de prepago anómalo), sino que se mantiene estable, por lo que casi la totalidad del movimiento reciente del tipo hipotecario es traslación directa del movimiento del rendimiento a 10 años, no una prima adicional propia del segmento hipotecario.

Con el 10 años cerrando en torno a 4,78-4,80 % a principios de septiembre de 2026 y el tipo hipotecario fijo a 30 años en 6,74-6,77 %[8][9], la implicación es directa: si el Treasury Twist logra comprimir de forma sostenida el rendimiento a 10-30 años, el tipo hipotecario debería seguirlo de manera casi mecánica, dado que el spread no está mostrando tensión propia. Si, por el contrario, la operación no logra anclar expectativas de forma duradera, el tipo hipotecario seguirá cotizando esencialmente la trayectoria fiscal y de inflación que ya incorpora el 10 años, con independencia de las recompras.

Aquí conviene una precisión, en línea con la disciplina de distinguir instrumentos: ésta es una intervención del Tesoro sobre la oferta de duración soberana, distinta y separable de la política de reducción de balance de la Reserva Federal (QT) sobre su propia cartera de MBS de agencia, que opera por un canal de escasez específico sobre ese activo y que responde a la agenda (hasta el presente  predominantemente retórica) del presidente Warsh. Ambos factores presionan en la misma dirección general sobre el tipo hipotecario, pero por mecanismos distintos: uno actúa sobre la prima por plazo del activo libre de riesgo; el otro, sobre la prima de escasez específica del MBS.

4. El canal hacia el crédito empresarial

Aquí es necesario separar dos universos de financiación corporativa que responden a mecanismos distintos.

Bonos corporativos a tipo fijo (investment grade y high yield). Se valoran como el rendimiento del Tesoro de vencimiento comparable más un diferencial de crédito (option-adjusted spread, OAS), que compensa riesgo de impago, liquidez y, en menor medida, riesgo de tipo de interés residual. Si el Treasury Twist comprime el tramo largo de la curva soberana, el componente libre de riesgo de estos bonos baja en la misma magnitud; el diferencial de crédito, en cambio, no responde directamente a la gestión de deuda del Tesoro, sino a las condiciones idiosincráticas de solvencia corporativa y al apetito de riesgo agregado. La transmisión aquí es, por tanto, parcial y mecánica: solo afecta al primer bloque de la ecuación de pricing, no al segundo.

Crédito a tipo variable (préstamos sindicados, líneas bancarias, pagarés de empresa). Se fijan típicamente como SOFR más un diferencial. El SOFR es un tipo de repo garantizado con colateral del Tesoro, y su nivel depende de la abundancia o escasez de reservas bancarias y colateral disponible en el sistema. Y es precisamente aquí donde la gestión de la TGA, y no las recompras, se vuelve relevante. Cuando el Tesoro mantiene un saldo de caja inusualmente elevado en su cuenta de la Reserva Federal, esos fondos quedan retenidos como depósitos del Tesoro en lugar de recircular como reservas del sistema bancario; en igualdad de condiciones, esto drena reservas agregadas, tal y como describe el marco de análisis del propio sistema de la Reserva Federal para las fluctuaciones de la TGA (Vissing-Jorgensen, FEDS Notes, 2025)[10]. Un saldo de TGA que casi duplica el objetivo histórico (y que, según fuentes del propio Tesoro, se ha ido construyendo de forma deliberada para poder financiar las recompras sin emitir deuda adicional) constituye, en términos de balance agregado del sistema, un drenaje de reservas mayor y más persistente de lo habitual.

Bajo el régimen actual de “reservas amplias” de la Reserva Federal, ese drenaje se absorbe primero contra los saldos de la facilidad de recompra inversa a un día (ON RRP) antes de tocar reservas bancarias propiamente dichas; esto supone una amortiguación de la presión sobre el SOFR, pero en absoluto una eliminación de la misma. El canal se vuelve más apremiante en la medida en que los saldos de ON RRP se aproximen a su agotamiento, momento en el que el drenaje empezaría a transmitirse con mayor intensidad a reservas y, por tanto, a los tipos de repo de los que depende el SOFR.

En esencia, el crédito corporativo a tipo fijo se beneficia (o se perjudica) del Twist casi exclusivamente a través del tramo largo de la curva soberana; el crédito a tipo variable queda expuesto, además, a la gestión de caja del Tesoro a través del canal de reservas. Este es un mecanismo que hasta ahora se asociaba casi en exclusiva con el balance de la Reserva Federal, y que ahora comparte, de facto, con la autoridad fiscal.

5. Síntesis y cautelas empíricas

Dos precisiones son necesarias antes de sacar conclusiones normativas.

Primera: la reacción del mercado al anuncio de recompras ampliadas de agosto fue ambivalente: un repunte inicial de los precios de los bonos seguido de una reversión parcial cuando los analistas cuestionaron si la “potencia de fuego” anunciada era real[11]. Esta tibieza es coherente con la literatura empírica sobre operaciones de gestión de duración: las estimaciones del efecto de la Operation Twist de la Fed de 2011 sobre el rendimiento a 10 años se sitúan, según distintos estudios (D’Amico y King, 2013), en un rango modesto de apenas 10-20 puntos básicos. No hay razón a priori para esperar que una operación de tamaño más reducido, ejecutada por el Tesoro y no por el banco central, logre un efecto mayor sobre una curva presionada al alza por un déficit estructural persistente.

Segunda: drenar la TGA para financiar recompras reduce el colchón de caja disponible antes del próximo enfrentamiento por el techo de deuda, que distintas estimaciones sitúan en torno al invierno de 2026 o principios de 2027[12]. Si ese colchón se agota y obliga a “medidas extraordinarias”, la dinámica de reservas podría revertirse abruptamente, con efectos ambiguos sobre el SOFR y, por extensión, sobre el crédito corporativo a tipo variable.

De este conjunto, se desprende una observación de Economía política tan relevante como el mismo mecanismo técnico: el Tesoro está ejerciendo, con instrumentos de gestión de deuda, una influencia sobre la prima por plazo (tramo largo) y sobre las condiciones de reservas (tramo corto) que tradicionalmente correspondía a la política monetaria. Esto no equivale a dominancia fiscal en el sentido estricto del término puesto que no hay monetización directa ni renuncia explícita del objetivo de inflación por parte de la Fed, pero sí constituye una forma de intervención cuantitativa sobre la curva ejercida por la autoridad fiscal, cuyos efectos sobre el coste del crédito de los hogares y las empresas conviene distinguir cuidadosamente de los que emanan, en paralelo, del propio balance de la Reserva Federal.

Referencias

Fuentes primarias e institucionales (2026)

[1] U.S. Department of the Treasury, “Quarterly Refunding Statement of Deputy Assistant Secretary for Federal Finance Brian Smith”, 5 de agosto de 2026. home.treasury.gov/news/press-releases/sb0590

[2] Peter G. Peterson Foundation, “News from the Quarterly Treasury Refunding Statement”, julio de 2026. pgpf.org/article/news-from-the-quarterly-treasury-refunding-statement/

[3] CNBC, “Bessent could tap near $1 trillion Treasury General Account to fund bond buybacks, sources said”, 24 de agosto de 2026. cnbc.com/2026/08/24/bessent-1-trillion-treasury-general-account-bond-buybacks.html

[4] Advisor Perspectives / CNBC, “Bessent Eyes Treasury Cashpile for Debt Buybacks”, agosto de 2026. advisorperspectives.com/articles/2026/08/24/bessent-eyes-treasury-cashpile-debt-buybacks

[5] 24/7 Wall St., “Bessent Quietly Built a $950 Billion War Chest Sitting In An Account At The Fed”, agosto de 2026. 247wallst.com

[6] HousingWire, “30-Year Mortgage vs 10-Year Treasury Spread”. housingwire.com/30-year-mortgage-vs-10-year-treasury-spread/

[7] MortgageDaily, “Mortgage Rate Forecast: Week of September 7-11, 2026”. mortgagedaily.com/mortgage-rate-forecast/week-of-september-7-2026/

[8] MortgageDaily, “Mortgage Rates Today: 30-Year 6.77%  Sep 9, 2026”. mortgagedaily.com/rates/mortgage-rates-today-2026-09-09/

[9] StreetStats, “Mortgage Rates”. streetstats.finance/rates/mortgages

[10] Annette Vissing-Jorgensen, “Fluctuations in the Treasury General Account and their effect on the Fed’s balance sheet”, FEDS Notes, Federal Reserve Board, 6 de agosto de 2025. federalreserve.gov/econres/notes/feds-notes/fluctuations-in-the-treasury-general-account-and-their-effect-on-the-feds-balance-sheet-20250806.html

[11] 24/7 Wall St. / Yahoo Finance, cobertura de la reacción de mercado al anuncio de recompras, agosto de 2026 (véanse notas 4-5).

[12] CNBC / 24/7 Wall St., estimaciones sobre el techo de deuda, agosto de 2026 (véanse notas 3, 5).

Literatura académica de referencia

  • Adrian, T., Crump, R. K., y Moench, E. (2013). “Pricing the Term Structure with Linear Regressions.” Journal of Financial Economics, 110(1), 110-138.
  • Bernanke, B. (2015). “Why are interest rates so low, part 4: Term premiums.” Brookings Institution, Ben Bernanke’s Blog.
  • D’Amico, S., y King, T. B. (2013). “Flow and stock effects of large-scale treasury purchases: Evidence on the importance of local supply.” Journal of Financial Economics, 108(2), 425-448.
  • Greenwood, R., y Vayanos, D. (2014). “Bond Supply and Excess Bond Returns.” Review of Financial Studies, 27(3), 663-713.
  • Hancock, D., y Passmore, W. (2011). “Did the Federal Reserve’s MBS purchase program lower mortgage rates?” Journal of Monetary Economics, 58(5), 498-514.
  • Krishnamurthy, A., y Vissing-Jorgensen, A. (2012). “The Aggregate Demand for Treasury Debt.” Journal of Political Economy, 120(2), 233-267.
  • Vayanos, D., y Vila, J.-L. (2009/2021). “A Preferred-Habitat Model of the Term Structure of Interest Rates.” Review of Economic Studies, 88(1), 77.
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2026: el año en que el ciclo económico se partió

Elies Furió Blasco & Matilde Alonso Pérez (Université de Lyon)

Si algo define la coyuntura de 2026 es que ya no tiene sentido hablar de «el» ciclo económico mundial: hay, como mínimo, tres evoluciones diferentes de ciclo económico avanzando en paralelo. Estados Unidos y España crecen con fuerza (aunque su interconexión es otra cosa), el núcleo de la eurozona apenas se mueve, y China gestiona, con más orden del que sugieren los titulares, una desaceleración que ya dura varios trimestres. Esta entrada incorpora algo de instrumental teórico, gráficos y una mirada más de cerca a Francia, la política comercial estadounidense, la transición energética y la letra pequeña de la inversión en Inteligencia Artificial.

Un poco de teoría, sin fórmulas

Dos ideas ayudan a ordenar todo lo que sigue. La primera es la brecha de producción: la diferencia entre lo que una economía produce y lo que podría producir de forma sostenible sin generar inflación creciente. Una economía con brecha positiva (como parecen tener hoy Estados Unidos o España) tira de precios al alza; una con brecha negativa o con crecimiento potencial deprimido (como Alemania, que apenas ha crecido desde 2019) tiene margen ocioso. La segunda idea es la distinción entre choques de oferta y de demanda: un choque de oferta adverso, como el petróleo por la guerra con Irán, sube los precios y baja la producción a la vez (la temida combinación estanflacionaria); un choque de inversión, como el de la Inteligencia Artificial o el de la transición energética, tira primero de la demanda, y sólo más adelante, si cuaja, empuja también la oferta vía productividad. Con estas dos ideas en mente, el resto de la entrada se entiende mejor.

El contraste que más llama la atención

Entre el primer y el segundo trimestre de 2026, Alemania pasó de crecer un 0,4 % a un 0,2 % intertrimestral, Italia hizo lo mismo (de 0,3 % a 0,2 %) y Francia directamente se quedó plana. Mientras tanto, España aceleró de un ya notable 0,6 % a un 0,7 %, con un crecimiento interanual del 2,7 %, muy por encima de la media de la eurozona. La propia OCDE atribuye la moderación alemana e italiana a factores de demanda interna, mientras que el INE destaca que España encadena ya veinticuatro trimestres consecutivos de crecimiento intertrimestral positivo, apoyada en el consumo de los hogares y la inversión en construcción.

PIB real, variación intertrimestral. Alemania, Francia, Italia y España. Fuentes: OCDE e INE.

Estados Unidos: aranceles, estímulo y una Fed que afloja

El caso estadounidense merece un vistazo aparte. El FMI calcula que los aranceles, que han disparado el arancel medio efectivo del 2,5 % a más del 15 % (el más alto desde la Segunda Guerra Mundial), funcionan como el libro de texto predice de un choque de oferta: algo más de inflación, algo menos de producto. Lo llamativo es que el crecimiento no se ha resentido: la ley fiscal conocida como One Big Beautiful Bill y la relajación de tipos de la Reserva Federal han compensado ese lastre, y el FMI señala además un crecimiento de la productividad amplio y robusto como sostén adicional. El Reino Unido, por su parte, aceleró del 0,2 % al 0,6 % intertrimestral entre el cuarto trimestre de 2025 y el primero de 2026, para moderarse de nuevo al 0,4 % en el segundo.

PIB real, variación intertrimestral. Estados Unidos y Reino Unido. Fuentes: OCDE y ONS.

Francia: por qué el mercado se encoge de hombros ante las rebajas

Desde septiembre de 2025, Fitch y S&P han rebajado la calificación de Francia, y aun así el diferencial entre la deuda francesa y la alemana a diez años se mueve en una banda de 65 a 85 puntos básicos (83,6 puntos básicos el 21 de agosto de 2026), muy lejos de los más de 225 puntos que llegó a alcanzar en la crisis de 2011. La explicación es tan técnica como reveladora: la regulación bancaria europea solo endurece de verdad los requisitos de capital cuando una rebaja cruza un umbral determinado (un «escalón de calidad crediticia»), y el mercado ya había anticipado buena parte del movimiento.

Lo más incómodo, sin embargo, no es el mercado, sino la aritmética de la sostenibilidad de la deuda. Francia mantiene un déficit primario cercano al 3,4 % del PIB hasta 2030, mientras que Italia, con una deuda mucho más alta en proporción al PIB (en torno al 135-139 %, frente a unos veinte puntos menos en Francia), ya se acerca al superávit primario necesario para estabilizar la suya. El nivel de deuda importa, pero la trayectoria y la voluntad de corregirla importan más. Y el cortafuegos del BCE, el Instrumento de Protección de la Transmisión, tiene una trampa de diseño para el caso francés: solo se activa si el ensanchamiento del diferencial no está justificado por el deterioro de los propios fundamentos fiscales, precisamente lo que le está ocurriendo a Francia.

China: desaceleración, no colapso

China creció un 4,3 % interanual en el segundo trimestre, frente al 5,0 % del primero: el ritmo más flojo desde mediados de 2024. La Oficina Nacional de Estadísticas señala que la construcción y la inversión privada siguen lastradas por el largo ajuste inmobiliario, mientras que las manufacturas y las exportaciones sostienen la actividad. Pekín ya ha reaccionado con un objetivo de déficit fiscal cercano al 4 % del PIB para este año. Japón, mientras tanto, sigue siendo el más irregular del grupo: repuntó al 0,5 % intertrimestral en el primer trimestre de 2026 y volvió a moderarse al 0,3 % en el segundo, con el consumo privado estancado.

PIB real, variación intertrimestral. China y Japón. Fuentes: NBS de China y OCDE.

La transición energética: el otro ciclo de inversión del que se habla menos

Junto al petróleo y la Inteligencia Artificial, hay un tercer factor que rara vez comparte titulares: la inversión mundial en energía limpia supera ya, por segundo año consecutivo, a la inversión en combustibles fósiles, y la Unión Europea aumentó su gasto en transición energética un 18 % en 2025. El Foro Económico Mundial apunta que en 2026 esta transición se plantea cada vez más como una carrera de política industrial y competitividad (baterías, hidrógeno, redes eléctricas), que como una cuestión estrictamente climática, con China invirtiendo casi tanto como Estados Unidos y la Unión Europea juntos. En España, de hecho, el despliegue renovable figura entre los factores que sostienen la fortaleza de la inversión: es, en la práctica, otro motor de demanda dentro del ciclo actual.

IA: ¿ya hay productividad, o todavía es solo inversión?

Aquí conviene ser precisos. Un estudio de la Reserva Federal de Kansas City muestra que la productividad laboral estadounidense lleva por encima de su tendencia pre-pandemia desde 2022, justo cuando despegó la IA generativa, aunque los propios autores describen esa relación como sugerente, no probada. El dato más fino llega de los datos oficiales de productividad del primer trimestre de 2026: mientras la producción por hora trabajada sigue acelerando, la productividad total de los factores (la que mide eficiencia real, no solo más capital) se desaceleró del 1,5 % al 0,8 % entre 2024 y 2025. Traducido: las empresas están invirtiendo mucho en IA, y eso ya empuja algo la productividad laboral, pero la ganancia de eficiencia genuina, la que hablaría de una mejora de competitividad duradera, todavía no se distingue con claridad en los datos agregados. En 2026, con lo que sabemos hoy, la IA sigue siendo sobre todo una historia de inversión.

¿Y ahora qué?

Quedan más preguntas abiertas que certezas: si la brecha entre inversión y productividad de la IA se cierra con una aceleración real de la eficiencia o con una corrección de expectativas; si el ciclo inversor de la transición energética amortiguará futuros choques petroleros o si la dependencia fósil de corto plazo limita ese efecto; si la disciplina fiscal que hoy exhibe Italia frente a Francia aguanta políticamente; y si el estancamiento franco-alemán es ya estructural o solo un fenómeno cíclico ligado a los costes energéticos. En buena medida, el hilo conductor sigue siendo el mismo: la disciplina fiscal y la composición del crecimiento, más o menos dependiente de la demanda interna, están marcando, más que nunca, quién crece y quién no dentro de Europa.

Nota: los datos de 2026 citados en esta entrada son provisionales («avance») y están sujetos a revisión por los institutos de estadística nacionales. Fuentes: OCDE, INE, NBS de China, FMI, ONS/House of Commons Library, Reserva Federal de Kansas City, Indeed Hiring Lab, Foro Económico Mundial y Consejo de la Unión Europea (consultadas en septiembre de 2026).

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Guerra, petróleo y algoritmos: así se está partiendo en dos el ciclo económico mundial

Por qué España crece más que Alemania, por qué Japón acaba de vivir su mayor giro monetario en treinta años, y por qué China sigue siendo la gran incógnita estadística del año.

Lectura: ~9 minuto

Elies Furió Blasco & Matilde Alonso Pérez

Hay años en los que la economía mundial se mueve más o menos al unísono (una recesión sincronizada, un boom generalizado) y hay años en los que cada bloque parece vivir en su propia película. 2026 es claramente de los segundos. El Fondo Monetario Internacional lleva meses insistiendo en la misma idea con una imagen bastante gráfica: el mundo se mueve «a contracorriente entre la guerra y la tecnología». No es una metáfora vacía. Por un lado, la guerra en Oriente Medio y el bloqueo intermitente del estrecho de Ormuz han vuelto a poner el petróleo en el centro del tablero; la última vez fue 2022. Por otro, el ciclo de inversión en Inteligencia Artificial sigue empujando con fuerza suficiente como para sostener el crecimiento allí donde se ha sabido montar en esa ola. El resultado es un mundo que crece dado que una previsión del 3% para 2026 no es una crisis, pero que crece de forma muy desigual, y con una inflación que, para sorpresa de muchos, ha dejado de bajar.

El hilo que lo explica casi todo: de dónde sale el petróleo caro

Conviene empezar por el dato más simple y a la vez más determinante de todo el año: el precio del Brent. En diciembre de 2025 cotizaba en torno a 59 dólares el barril. En abril de 2026, con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado al tráfico petrolero, llegó a tocar casi 121 dólares intradía, aunque el crudo físico, el llamado «Dated Brent», llegó a superar los 140. Un alto el fuego de dos semanas hizo que los precios se desplomaran un 20% en un solo día. Y a finales de agosto, justo cuando parecía que la tensión remitía, Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar ataques y el Brent recuperó los 90 dólares. Ese vaivén de más del 100% en apenas nueve meses no es ruido estadístico: es la variable que explica buena parte de por qué Europa lo está pasando peor que Estados Unidos este año.

El FMI ha revisado al alza su previsión de inflación mundial tres veces seguidas en 2026: del 3,8% en enero al 4,7% en julio, y la referencia evidente es el shock energético.

La razón de fondo es sencilla y la explica bien un ejercicio de simulación del Peterson Institute for International Economics: en un escenario de petróleo sostenido en 120 dólares, la región de Oriente Medio y el norte de África pierde el 12,4% de su PIB respecto a la senda sin guerra; las economías asiáticas importadoras netas de energía como Vietnam, India o Tailandia pierden en torno a un 3%…; y, los Estados Unidos apenas nota un 1,2%. Ahí está la primera clave para entender por qué este ciclo divide tan claramente a ganadores y perdedores: no es cuestión de tamaño de la economía, sino de exposición neta y de factura energética.

Estados Unidos y China: dos velocidades, y una de ellas sin velocímetro fiable

Estados Unidos llega a este shock en una posición relativamente cómoda. El FMI mantiene su previsión de crecimiento en el 2,3% para 2026; la Reserva Federal ha ido revisando al alza sus propias estimaciones a lo largo del año, y el paro sigue rondando el 4,4%. El pero, y es un pero importante, es que la inflación no termina de ceder: la Fed sitúa la inflación subyacente en el 2,7%, muy por encima de su objetivo del 2%; con el añadido de que la propia Reserva Federal atraviesa un momento institucional inusual: su nuevo presidente, Kevin Warsh, ha puesto en marcha cinco grupos de trabajo para revisar el marco de política monetaria justo cuando la Casa Blanca presiona abiertamente para que se acelere el recorte de tipos. Se trata de una clase de fricción que los mercados de bonos, más tarde o más temprano, terminan cobrando en forma de prima de riesgo.

Mientras tanto, China sigue siendo el gran ejercicio de fe estadística del año. Pekín mantiene un discurso de crecimiento cercano al 5%. Pero los analistas independientes como Rhodium Group sitúan el crecimiento real de 2025 por debajo del 3%, y varias firmas de análisis de riesgo estiman que, descontado el componente de estímulo financiado con deuda, el crecimiento efectivo de 2026 podría rondar ese mismo 3% o incluso menos. Entretanto, el país encadena ya diez trimestres seguidos de presión deflacionaria. Se trata de la racha de caída de precios más larga desde su transición a economía de mercado hace casi medio siglo. La inversión inmobiliaria se ha desplomado entre un 50% y un 80% desde su máximo, y el paro juvenil roza el 17%. No hace falta suscribir la tesis catastrofista para reconocer que la brecha entre la cifra oficial y la que calculan los analistas independientes es, en sí misma, uno de los datos más relevantes del año: cuando dos fuentes serias discrepan en más de dos puntos porcentuales sobre el tamaño de la segunda economía del mundo, ese desacuerdo es una señal de alarma sobre la calidad de la información con la que se está tomando toda clase de decisiones, desde inversión privada hasta política comercial.

Japón, o cómo se sale (mal que bien) de treinta años de deflación

Si hay un protagonista inesperado en 2026, ese es Japón. El Banco de Japón subió en junio su tipo de referencia hasta el 1%, el nivel más alto desde 1995, después de que la inflación subyacente amenazara con superar «claramente» el objetivo del 2% y de que el yen, debilitado, obligara a una intervención cambiaria coordinada con Washington a finales de julio. Las negociaciones salariales de primavera (el famoso shunto) han arrojado subidas medias del 5,3%, la tercera cifra consecutiva en ese entorno. Dicho de otro modo: el mecanismo de retroalimentación entre salarios y precios que el Banco de Japón llevaba treinta años intentando resucitar, por fin parece estar funcionando.

El problema es que salir de una trampa deflacionaria de tres décadas no es gratis. Japón sigue siendo, con diferencia, el país más endeudado del mundo desarrollado, con una deuda de entre el 204% y más del 230% del PIB según la fuente, una disparidad que dice mucho sobre lo resbaladizas que pueden ser estas comparaciones. Dicho nivel de deuda sólo es sostenible mientras los tipos de interés se mantengan bajos. El bono a diez años japonés ya cotiza en el entorno del 2,5%, su nivel más alto en años. La normalización monetaria japonesa, en otras palabras, es una buena noticia estructural gestionada sobre una cuerda floja fiscal, y será uno de los experimentos de política económica más vigilados del resto de la década.

Europa: la zona euro que no es una, sino cuatro historias distintas

El Banco Central Europeo subió tipos en junio por primera vez en tres años: la facilidad de depósito pasó del 2% al 2,25%. La justificación explícita fue el impacto de la guerra sobre los precios energéticos; y, ahora, el mercado ya da por hecha una nueva subida en septiembre. Pero reducir la eurozona a una sola cifra de crecimiento (el 0,9% que maneja el FMI) esconde más de lo que revela.

Alemania intenta por fin dejar atrás dos años de recesión, apoyada en un giro fiscal histórico hacia gasto en defensa e infraestructuras. El propio grado de desacuerdo entre previsores (el Bundesbank apunta a un 0,6% de crecimiento para 2026, mientras que Goldman Sachs o el DIW Berlín hablan de hasta el 1,7%), es en sí mismo un síntoma de la incertidumbre sobre si ese estímulo llegará a tiempo o se topará con cuellos de botella en construcción e infraestructuras.

Francia, por su parte, se ha convertido en el eslabón más frágil del núcleo europeo: creció un 0% en el primer trimestre, mucho peor que España, Alemania o Italia, y encadena rebajas de calificación crediticia, y arrastra un déficit del 5,1% del PIB en un contexto de bloqueo parlamentario que hace muy difícil corregirlo. Las expectativas de las elecciones presidenciales no contribuyen a mejorar el escenario previsible.

Y luego está la paradoja del sur. España crece al 2,3%, la cifra más alta entre las grandes economías del euro, apoyada en empleo, inmigración y turismo; el precio de la fortaleza en el crecimiento es una inflación que el Banco de España ha revisado al alza hasta el 3,6%. Italia, en cambio, se estanca en el entorno del 0,5% mientras que su deuda pública sigue una trayectoria ascendente hacia el 139% del PIB en 2027, la más elevada del euro después de Grecia. Deuda sobre PIB es siempre un cociente con dos determinantes. En definitiva, en una misma unión monetaria y con un mismo tipo de interés del BCE, conviven así cuatro ciclos casi contradictorios.

El resto del mundo: quién paga de verdad la factura

Para los mercados emergentes, 2026 ha sido el año en el que la ventaja que habían acumulado en 2025 se ha evaporado casi por completo. La combinación de petróleo caro y dólar refugio ha golpeado con fuerza a los grandes importadores netos de energía de Asia: India, Corea del Sur, Indonesia, Filipinas, Tailandia, Vietnam. No es un golpe homogéneo: los exportadores de materias primas, en particular en América Latina, se han beneficiado de la mejora en su relación de intercambio. Pero el patrón general parece confirmar en este ciclo, ser importador neto de energía es, con diferencia, el factor que más separa a quien está saliendo bien parado de quien no. Aunque siempre hay excepciones (duraderas o temporales): mírese España.

Pero ante todo cautela

Todo lo anterior debería leerse con una advertencia explícita: se escribe con el conflicto de Oriente Medio todavía activo y el precio del petróleo moviéndose semana a semana. Un acuerdo de paz duradero seguiría siendo, con diferencia, el catalizador más potente para que buena parte de este análisis quede desactualizado en cuestión de días, para bien. Es, si se quiere, la mejor noticia posible que este texto podría recibir a modo de réplica.

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Warsh en Jackson Hole: cuando el cargo domina al nombramiento

Por qué el primer discurso del nuevo presidente de la Fed es un caso de manual de Economía política monetaria, y qué deja fuera el relato periodístico

Elies Furió Blasco y Matilde Alonso Pérez

El 28 de agosto de 2026, Kevin Warsh subió al atril de Jackson Hole con un problema de credibilidad que no era suyo, pero que ahora tiene que resolver: 65 meses de inflación por encima del objetivo, una guerra en Irán presionando el precio del petróleo, y un mercado de deuda soberana en máximos de rendimiento no vistos en casi dos décadas. Lo interesante no es que anunciara una subida de tipos: no lo hizo. El interés está todo lo que su discurso revela sobre cómo funciona (y a veces se resiste a funcionar) la independencia de un banco central.

El nombramiento no predice el comportamiento

Trump nombró a Warsh esperando lo contrario de lo que Powell le dio: tipos de interés más bajos, menos fricción. Warsh subió al atril y dijo, en sustancia, lo mismo que decía Powell: “no hay excusas”, “la estabilidad de precios no se garantiza por sí sola”. Esto no es una anomalía biográfica, es un resultado predicho por la teoría económica desde hace casi cincuenta años.

Kydland y Prescott (1977) y Barro y Gordon (1983) formalizaron el problema: un decisor con horizonte político corto tiene incentivos a sorprender con inflación para estimular el empleo, aunque el resultado de equilibrio (cuando el público lo anticipa) sea sólo más inflación sin más producto. La solución fue delegar en un “banquero central conservador” (Rogoff, 1985), deliberadamente más adverso a la inflación que la sociedad. Cukierman, Webb y Neyapti (1992) confirmaron empíricamente que más independencia legal correlaciona con menos inflación, y Alesina y Summers (1993) mostraron que ese resultado no cuesta crecimiento a largo plazo.

Lo que el episodio Warsh añade a esta literatura es un matiz sobre quién internaliza ese diseño institucional: no solo la ley, también la reputación del cargo. El mismo patrón, con algo más ambivalencia ciertamente, ya se observó en Nixon y Arthur Burns en 1971-72 (Abrams, 2006): un gobernador leal al presidente que aun así, en ciertos momentos, resistió la presión presidencial. El contraejemplo es Turquía: cuatro gobernadores destituidos desde 2019 por subir tipos, e inflación que pasó del 14% al 63%. Warsh, de momento, se ha alineado con el primer patrón, no con el segundo.

Por qué los mercados se movieron sin que él dijera tipos de interés

Warsh no pronunció la expresión “subida de tipos de interés”. Aun así, la probabilidad implícita en los futuros CME pasó del 35% al 57% en un solo día. Esto no es magia retórica: es el mecanismo que la literatura de comunicación de bancos centrales (Blinder et al., 2008) documenta con datos: el lenguaje del banquero central es un instrumento de política, distinto del tipo oficial, porque el mercado descuenta racionalmente la función de reacción implícita en el tono, no sólo los anuncios explícitos. Frases condicionales como “si la inflación no se dirige al objetivo a velocidad suficiente, tenemos trabajo por hacer” son forward guidance sin cifras: bastan para desplazar una distribución de probabilidad completa.

Lo que la cobertura periodística no cuenta: dos agendas, no una

Aquí está el punto que casi ningún titular periodistico capturó, y que es clave para no confundirse: el Warsh hawkish sobre tipos y el Warsh que quiere reducir el balance de la Fed persiguen objetivos distintos, y potencialmente contradictorios.

El QT clásico de 2022-2025, vender activos para enfriar la demanda agregada, terminó en diciembre de 2025, habiendo revertido sólo la mitad del crecimiento pandémico del balance. Desde entonces la Fed opera en modo “reservas amplias”: ni compra ni vende activamente. Lo que Warsh propone ahora es otra cosa: una reducción estructural e ideológica del balance, motivada por el argumento de que un balance abultado beneficia desproporcionadamente a los tenedores de activos financieros. No es un instrumento anticíclico contra la inflación; es una convicción sobre quién debe beneficiarse del abaratamiento del crédito. Y tiene un límite técnico: la propia Reserva Federal (FEDS 2026-019) calcula que sólo hay margen para reducir el balance entre 1,2 y 2,1 billones de dólares más antes de arriesgar tensión en el mercado de repos, como en septiembre de 2019.

Es decir: Warsh puede ser hawkish con los tipos de referencia y, al mismo tiempo, presionar para que la Fed tenga menos presencia en un mercado de deuda que ya está históricamente tensionado; esto son dos fuerzas que no necesariamente tiran en la misma dirección.

El telón de fondo: nadie controla en solitario el precio del dinero a largo plazo

Los máximos simultáneos en los bonos a 30 años de EE.UU. (5,3%), Alemania, Reino Unido y Francia no son casualidad de un solo banco central: apuntan a una revalorización global de la prima por plazo: el extra del precio que exige un inversor por mantener deuda larga en vez de renovar deuda corta (Kim-Wright, 2005; Adrian-Crump-Moench, 2013). Isabel Schnabel, del BCE, lo llama “bond glut”: QT monetario y expansión fiscal empujando en la misma dirección sin que nadie coordine las dos fuerzas. A eso se suma una demanda de capital sin precedentes por cuatro frentes simultáneos (infraestructura de IA, reindustrialización, defensa, transición energética), siendo el CAPEX de inteligencia artificial, la adquisición de activos a largo plazo el que más presiona porque eleva a la vez el tipo libre de riesgo y los diferenciales de crédito corporativo.

El episodio de las recompras de deuda del Tesoro de Bessent en 2026 es un buen recordatorio empírico de los límites de cualquier intervención unilateral: los rendimientos revirtieron por completo en 48 horas. Nadie, ni la Fed ni el Tesoro por separado, fija en solitario el precio del dinero a largo plazo.

La prueba real llega el 16 de septiembre

El discurso de Jackson Hole fue, sobre todo, un depósito de credibilidad: Warsh apostó su reputación personal a un objetivo del 2%, en el lenguaje casi calcado de su predecesor, mientras gestiona en paralelo una agenda sobre el balance con una lógica distinta. La reunión del FOMC del 16 de septiembre, después del dato de inflación de agosto (11 de septiembre), dirá si ese compromiso retórico se traduce en decisiones, o si, como en el caso Nixon-Burns, la tensión entre la lealtad al cargo y el origen del nombramiento termina resolviéndose de otra manera.

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Francia, marzo 2026: el rebote de la inflación y lo que nos dice el marco neokeynesiano

Elies Furió y Matilde Alonso (Universidad de Lyon)

 

En una entrada anterior analizamos los datos provisionales de la inflación de Francia en el mes de marzo. En esta ocasión prolongaremos el análisis con los resultados definitivos del Índice de Precios al Consumo (IPC) de Francia correspondientes a marzo de 2026. El titular es llamativo: la inflación interanual salta del +0,9 % en febrero al +1,7 % en un solo mes. ¿Debería preocuparnos? La respuesta, como casi siempre en economía, es: depende de qué estemos mirando.

El shock energético como perturbación de oferta

El primer ejercicio que debemos hacer antes de interpretar cualquier dato de inflación es descomponer el IPC en sus componentes. Cuando lo hacemos para marzo de 2026, el diagnóstico es inmediato: el rebote lo explica casi en su totalidad la energía.

Los precios energéticos aumentaron un +7,4 % interanual, frente al -2,9 % registrado en febrero. Los productos petrolíferos son el epicentro: el gasóleo se encareció un +23,5 % interanual y los combustibles líquidos un +40,9 %. Se trata de un movimiento brusco, de carácter claramente exógeno, que en el lenguaje de los modelos neokeyneyanos catalogamos como un shock de costes de oferta (cost-push shock).

¿Qué implica esto desde el punto de vista teórico? En el modelo de la Nueva Curva de Phillips (New Keynesian Phillips Curve, NKPC), la inflación corriente depende de las expectativas de inflación futura y de la brecha de producción (output gap). Un shock de oferta energético eleva el nivel de precios de forma transitoria sin que ello implique necesariamente un cambio en la dinámica inflacionista subyacente. Dicho de otro modo: el dato del +1,7 % no refleja que la economía francesa esté «recalentada».

La inflación subyacente: la señal que importa

Si el IPC total incluye ruido, la inflación subyacente (ISJ) es la señal. Al excluir los componentes volátiles —energía y alimentos frescos— y corregir de variaciones estacionales, obtenemos una imagen más fiel de las presiones de demanda y de los efectos de segunda vuelta.

En marzo de 2026, la ISJ se situó en +1,1 % interanual, subiendo apenas dos décimas desde el +0,9 % de febrero. Este dato merece dos lecturas simultáneas:

Por un lado, las buenas noticias. La inflación subyacente permanece cómodamente por debajo del objetivo del BCE (2 %). Las expectativas inflacionistas siguen, por el momento, ancladas. No hay indicios de una espiral precio-salario generalizada.

Por otro lado, la señal de cautela. Los servicios —que representan más del 50 % de la cesta del IPC— aceleran ligeramente hasta el +1,7 % interanual. Aquí es donde el marco neokeyneyano llama a mayor atención: los servicios son el sector con mayor contenido de trabajo y, por tanto, el vector más directo de transmisión de presiones salariales a precios. Su rigidez nominal a la baja (downward nominal rigidity) implica que, una vez instalada la inercia inflacionista en este componente, es costoso revertirla.

El IPCH supera el umbral del 2 %: implicaciones para el BCE

El Índice de Precios al Consumo Harmonizado (IPCH), que es la referencia para la política monetaria del BCE, se situó en +2,0 % interanual en marzo, frente al +1,1 % de febrero. Este dato importa políticamente: el BCE fija su objetivo de estabilidad de precios «cerca, pero por debajo, del 2 %», aunque desde la revisión estratégica de 2021 admite una banda simétrica en torno al 2 %.

Cruzar ese umbral —aunque sea por un mes y por razones energéticas— complica la comunicación del banco central. Si el BCE relaja su postura monetaria de forma agresiva en un contexto en el que el IPCH está justo en el objetivo y la ISJ sigue al alza, arriesga credibilidad. Si mantiene una posición restrictiva ante un shock de oferta transitorio, deprime innecesariamente la demanda. Este es el dilema clásico de la política monetaria ante perturbaciones de oferta, que Clarida, Galí y Gertler formalizaron en el modelo DSGE neokeyneyano estándar.

Conclusión: inflación de chequera, no de sobrecalentamiento

El dato de marzo 2026 eleva la factura energética de los hogares franceses, pero no señala un sobrecalentamiento macroeconómico. La inflación subyacente moderada, la deflación en productos manufacturados (-0,5 % interanual) y la desaceleración alimentaria son señales de contención.

El riesgo real no está en el nivel actual, sino en la persistencia de la rigidez en servicios y en la velocidad a la que el shock energético se filtra hacia los costes de producción. Los próximos datos del IPCH de abril —previstos para el 30 de abril— serán determinantes para evaluar si estamos ante un rebote puntual o ante el inicio de una dinámica más persistente.

En el ínterin, el BCE tiene motivos para no precipitarse en ninguna dirección.

 

Fuente: INSEE, Informations Rapides n° 90, 15 avril 2026. IPC résultats définitifs, mars 2026.

Las opiniones expresadas en este blog son de carácter estrictamente académico y no constituyen asesoramiento financiero.

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Francia en marzo 2026: inflación, rigidez de precios y la lección neokeynesiana

¿Qué nos dice el repunte del IPC francés junto al estudio sobre precios en la zona euro?

El dato provisional del IPC francés de marzo 2026 muestra una inflación anual del 1,7%, impulsada por el rebote energético, mientras que los servicios aceleran y los bienes manufacturados caen. Leído desde la Economía neokeynesiana y junto al reciente working paper del Banco de Francia sobre rigidez de precios en la zona euro (2021-2024), el dato sugiere que las fricciones nominales no son constantes: cuando los shocks son intensos (al alza), los precios se ajustan con mayor frecuencia, alterando la dinámica inflacionaria.

El repunte francés en contexto

En marzo 2026, la inflación francesa sube al 1,7% anual (desde 0,9% en febrero), con la energía como protagonista: +7,3% anual tras -2,9% el mes anterior. Los servicios aceleran al 1,7% y el tabaco al 3,2%, mientras los bienes manufacturados caen más rápido (-0,6%) y la alimentación desacelera al 1,8%.

El dato IPCH (armonizado) marca 1,9% anual, confirmando que Francia está en una fase de inflación moderada pero sensible a shocks energéticos. La sensibilidad al shock energético fue acompañada por una alta celeridad de la transmisión de precios. Pero, ¿esta sensibilidad y celeridad son homogéneos en todos los bienes y mercados?

Conexión con la rigidez de precios en la zona euro

El working paper del Banco de Francia documenta que, durante la inflación alta de 2021-2024, la frecuencia mensual de cambios de precios pasó del 8% (pre-2020) al 12% en 2022, con pico del 15,7% en enero 2023. Ese aumento se debió sobre todo a más subidas de precios, no a cambios mayores en su tamaño, dando lugar a una extensión por buena parte de la economía de la revisión de precios al alza. 

En clave neokeynesiana, en un contexto de shocks intensos, la state dependence domina, se prioriza el momento presente. Las empresas ajustan cuando la distancia al precio óptimo es grande, haciendo los precios menos rígidos y la curva de Phillips más empinada.

¿Qué predice el dato francés?

El repunte energético francés (+7,3%) plantea la pregunta: ¿se trasladará a otros precios o se mantendrá como shock relativo? El paper del Banco de Francia sugiere que:

  • Alimentos y bienes industriales reaccionan rápido pero vuelven pronto a la normalidad
  • Servicios muestran mayor persistencia por inercia salarial
  • Productos con alto contenido energético importado ajustan con más frecuencia

En Francia, la energía pesa 7,6% del IPC y los servicios 52%. Si el shock energético se propaga a servicios (que ya aceleran la dinámica de precios), podría activar más ajustes de precios y una espiral inflacionista sumamente significativa. No obstante, habría que identificar divergencias dentro de los servicios, dada la enorme heterogeneidad interna, tanto desde la perspectiva tecnológica como de estructura de mercados. 

Tres implicaciones para política monetaria

  1. Régimen-dependiente: calibraciones de inflación baja subestiman la transmisión en entornos volátiles
  2. Sectorialmente heterogénea: servicios más rígidos prolongan la desinflación o suavizan la tendencia inflacionista (modulan la velocidad y la amplitud de la extensión). 
  3. State dependence activa: shocks energéticos pueden «despertar» precios inactivos

El veredicto neokeynesiano

La inflación no es solo cuánto suben los precios, sino con qué frecuencia lo hacen.

El paper del Banco de Francia demuestra que las fricciones nominales se relajan cuando los shocks son grandes. El dato francés de marzo 2026 sugiere que ese mecanismo sigue vigente: un repunte energético puede reactivar ajustes de precios más allá de su peso directo.

Para el BCE: inflación moderada no equivale a rigidez alta. Los shocks pueden propagarse más rápido de lo que sugieren modelos calibrados en tiempos tranquilos.


Elies Furió y Matilde Alonso
Abril 2026

Referencias

  1. Gautier, E. et al. (2026). Consumer Price Stickiness in the Euro Area During an Inflation Surge. Banque de France WP 1038
  2. INSEE (2026). Indice des prix à la consommation – mars 2026 (provisoires). Informations Rapides n°83
  3. Calvo, G.A. (1983). «Staggered prices…» JME
  4. Gertler & Leahy (2008). «A Phillips curve with Ss foundation.» JPE
Publicado en Economía, Macroeconomía | Comentarios desactivados en Francia en marzo 2026: inflación, rigidez de precios y la lección neokeynesiana

Llegar al pleno empleo en Francia

  • Matilde Alonso Pérez
  • Elíes Furió Blasco

Buscando el pleno empleo

Según una nota publicada por el Conseil d’analyse économique (CAE), Francia podría llegar al pleno empleo desde la tasa de paro actual del 7,3% siempre que implemente las políticas adecuadas. El CAE es una institución independiente que elabora informes para el Primer Ministro francés.

En Francia, el número de horas anuales trabajadas (980 horas) es muy inferior al de Estados Unidos (1.270) y el Reino Unido (1.100) y, en menor medida, al de Alemania (1.070). La causa de esta discrepancia se encuentra no tanto en el número de horas trabajadas por ocupado, sino en la menor proporción de ocupados respecto a la fuerza activa. Una circunstancia que se focaliza en los jóvenes, en las personas activas de mayor edad y, en menor medida, en las mujeres [1].

Figura 1 Número de horas trabajadas por persona y año en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos

Fuente 1: A. Bozio, J. Ferreira, C. Landais, A. Lepeyre et M. Modena (2025)

Jóvenes y empleo

En Francia, con respecto a Alemania y el Reino Unido, existe una mayor proporción de jóvenes que no están ni escolarizados (para cualquier nivel o tipo de formación) ni ocupados. De acuerdo con la nota del CAE, la causa se encuentra en las dificultades de inserción profesional de los jóvenes titulados franceses. Estos necesitan entre 1 y 2 años para encontrar un empleo. Esta circunstancia se produce también entre los jóvenes con mayor nivel de formación, aunque la incidencia para estos es menor.

Figura 2 Francia, tasa de actividad por grupos de edad

Figura 3 Francia, Tasa de empleo por grupos de edad

La solución de esta circunstancia pasaría por establecer nuevos mecanismos que, por una parte, asegurasen una mayor y más rápida inserción profesional de los recién titulados. Y, por otra parte, también sería necesario luchar contra el fracaso escolar; el alto número de jóvenes que abandonan el sistema educativo sin finalizar el ciclo formativo / educativo y sin obtener el título correspondiente es una evidencia del fracaso escolar que Francia comparte con otros países de la OCDE. 

Los diferentes gobiernos de la presidencia de E. Macron han utilizado la formación en alternancia como un mecanismo para favorecer la inserción profesional de los jóvenes sin discriminación de tipo de formación. Comparado por periodos anteriores, esta medida ha tenido un impacto positivo en términos estadísticos. Este resultado se explica, en primer lugar, por el aumento de la oferta de formación en alternancia tanto por parte del sector público como el privado y, en segundo lugar, el amplio apoyo financiero y fiscal del Estado a las empresas privadas. El éxito de la formación en alternancia ha eclipsado otras medidas previas, pero han surgido dudas sobre la viabilidad -financiera- de esta medida a medio y largo plazo, dada la gran dependencia de los incentivos financieros estatales [2].

Actividad laboral, prejubilaciones y esperanza de vida

En el otro extremo de edad, en la cohorte de 60 a 64 años, se produce una fuerte reducción de la ocupación, que llega a ser tres veces superior a la de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. En diferentes ocasiones, se ha evidenciado, en el debate político público, la tendencia por parte de las empresas a rejuvenecer sus plantillas haciendo uso de diferentes mecanismos por la vía del despido o de la jubilación anticipada de los trabajadores en edades próximas a la jubilación. En Francia, antes de la entrada de este siglo, a lo largo de 35 años, la duración de la jubilación aumentó en 10 años, cinco años gracias al aumento de la esperanza de vida y cinco más por dispositivos relativos a la prejubilación [3]. Estos elementos contribuirían a una menor participación en la ocupación y en la actividad de las personas mayores de 60 años.

Diferentes estudios han tratado de evidenciar cómo la edad de jubilación influye en la tasa de ocupación de las personas de mayor edad. El retraso de la edad de jubilación modifica tanto el comportamiento de los trabajadores como de las empresas [4]; pero, no necesariamente en la misma medida, lo cual puede generar desequilibrios importantes en la empleabilidad de las personas de mayor edad.

Figura 4 Tasa de Empleo en 2023 en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos

Fuente 2 A. Bozio, J. Ferreira, C. Landais, A. Lepeyre et M. Modena (2025)

La mayor presencia laboral de las mujeres

La situación de ambos extremos de edad no llega a compensarse con el fuerte crecimiento de la participación de las mujeres en el mercado laboral. Sin embargo, la participación laboral de la mujer está todavía lejos de las cifras de los hombres, en Francia, y de las cifras de las mujeres en otros países europeos. Aquí, las medidas fundamentales para mejorar la participación en la actividad son las relativas a la conciliación y la igualdad salarial entre géneros.

Figura 5 Francia, Tasa de actividad por género

Fuente 3 INSEE, https://www.insee.fr/fr/outil-interactif/5367857/tableau/50_MTS/51_EPA

Según una nota del INSEE, en 2023 y para las actividades económicas privadas, el salario promedio de las mujeres era inferior al de los hombres en un 22,2%. Una diferencia que se explica, en parte, por el menor volumen horario de trabajo de las mujeres motivado por la mayor presencia de las mujeres en la contratación a tiempo parcial. No obstante, un 14,2 % de la diferencia salarial, se explica por una simple y pura discriminación salarial puesto que, en el mismo puesto de trabajo y de figura contractual, el salario de una mujer es, en promedio, inferior al del hombre en dicho porcentaje [5].

Un tercer factor explicativo de la desigualdad salarial se encuentra en la tipología de ocupaciones ocupadas por hombres y por mujeres. Existe todavía una discriminación sectorial y por tipología y categorías de puestos de trabajo que, en general, conducen a arrinconar a las mujeres a puestos con menores ingresos salariales. Según los datos del INSEE, en 2023, las mujeres representaban el 42% de los puestos de trabajo asalariado a tiempo completo. Y, las mujeres representan casi una cuarta parte del 1% de puestos de trabajo mejor retribuidos [5].

En términos evolutivos, la reducción de la desigualdad salarial ha resultado del aumento del volumen horario de trabajo por parte de las mujeres y de la reducción de la discriminación salarial estricta. No obstante, las diferencias salariales entre marido y mujer todavía son importantes. Y, son mayores a medida que aumenta el número de hijos que tiene una familia. Sigue siendo necesario promover la conciliación entre vida familiar y vida profesional, incrementar la participación de los hombres en la gestión cotidiana de los hogares y eliminar los efectos que la maternidad tiene en la trayectoria profesional de las mujeres.

Las políticas públicas para encontrar el pleno empleo

Las políticas públicas de empleo no deberían focalizarse sobre el número de horas trabajadas, sino sobre todo incentivar el crecimiento de la tasa de ocupación. Desde la implantación de la jornada de 35 introducida por la ministra de Trabajo Martine Aubry, bajo el gobierno de Jospin, en el año 2002 y generalizada posteriormente, diferentes gobiernos han tratado de modificar la situación por medio de medidas indirectas como la reducción de los días de vacaciones, la desregulación parcial de las horas de trabajo o la desfiscalización de las horas extraordinarias. Sin embargo, de acuerdo con el CAE, son medidas desatinadas. En su visión, la diana está en la fuerza de trabajo y en la población ocupada. No obstante, puede subyacer la duda sobre si el incremento de la oferta de mano de obra genera por si mismo una ampliación de la demanda de trabajo y, con ello, una reducción del desempleo.

Autores

  • Matilde Alonso, Université Lyon, matilde.alonso@univ-lyon2.fr
  • Elíes Furió, Université de Lyon, efurio@valitrenta.com 

 

Referencias

  • Antoine Bozio – Jean Ferreira – Camille Landais – Alice Lapeyre – Mariane Modena – Max Molaro (2025): Objectif «plein emploi» : pourquoi et comment ? Focus, nº 110, CAE, https://www.cae-eco.fr/objectif-plein-emploi-pourquoi-et-comment
  • Cours de comptes (2023): La formation en alternance, Rapport, https://www.ccomptes.fr/fr/publications/la-formation-en-alternance
  • Xavier Gaullier (2002), Emploi, retraites et cycles de vie, Retraite et société, nº 37
  • Jean-Olivier Hairault, François Langot et Thepthida Sopraseuth (2006), Les effets à rebours de l’âge de la retraite sur le taux d’emploi des seniors, Economie et Statistique, nº 397
  • Mathilde Gerardin (2023): Écart de salaire entre femmes et hommes en 2023, INSEE Focus, nº 349, 04/03/2025
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Aranceles en Trump como política económica

El presidente Trump ha firmado una serie de ordenes ejecutivas elevando los aranceles a productos procedentes de Canadá, México y China en productos como el acero, el aluminio y el cobre y, también a los automóviles. Los objetivos anunciados por el propio presidente son tanto económicos como no económicos. En este último sentido, quiere que estos tres países incrementen el control, en sus respectivas fronteras, sobre el flujo de drogas y de personas hacia los Estados Unidos. Por los que respecta a los propósitos económico, el fin es alentar la producción estadounidense. Los ingresos fiscales por aranceles servirán para incentivar la producción nacional de Estados Unidos. Los ingresos por aranceles menguaran si los tres países antes citados son eficaces en el control de drogas y en los flujos migratorios. Esto acabaría con el propósito, anunciado en ocasiones por el propio Trump, de sustituir los ingresos del impuesto sobre la renta por aranceles a efectos de financiar al gobierno.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent dijo, durante su audiencia de confirmación en enero de 2025, que el presidente estaba aplicando aranceles por varias razones diferentes. Destacó tres objetivos principales: remediar prácticas comerciales desleales, aumentar los ingresos y alentar a otras naciones a negociar en términos favorables para Estados Unidos.

Los ingresos por aranceles menguaran si los tres países antes citados son eficaces en el control de drogas y en los flujos migratorios. Esto acabaría con el propósito, anunciado en ocasiones por el propio Trump, de sustituir los ingresos del impuesto sobre la renta por aranceles a efectos de financiar al gobierno. La mayoría de las economistas consideran que está sustitución no sería completa. Consiguientemente, para escapar del aumento del déficit público, se impondría una drástica reducción del gasto público por la vía de menguar el sector público federal. Tal reducción parece difícil dada la magnitud que debería alcanzarse en el gasto público. O, por su parte, el fuerte incremento arancelario para aportar elevados ingresos ocasionaría una inflación importada que reduciría el consumo interno y la inversión y, también, los ingresos públicos (internos y externos).

Si el propósito es obtener ingresos por la vía de los aranceles que sustituyan a los ingresos del impuesto sobre la renta, la protección arancelaria debe ser permanente. Esto choca con el uso de los aranceles como mecanismo de presión para reducir el flujo fronterizo de drogas y personas. Si el presidente Trump tiene éxito en reducir dichos flujos deberá renunciar a elevar los aranceles y, perderá sus ingresos fiscales.

Pero además perderá la protección de la producción estadounidense y, con ello, el impulso que, supuestamente, ésta daría al crecimiento económico estadounidense. Pero, muchos economistas piensan que aumentar la protección nacional no conduce a medio y largo plazo a un mayor crecimiento económico. Tal vez aumente la producción en algunas actividades concretas y con un número reducido. En otras se producirá escasez de productos e inflación de costos que acabarán en un aumento de la inflación agregada. La política monetaria restrictiva para luchar contra el crecimiento de los precios acabará por menguar más el crecimiento económico. Con estas expectativas, es posible que merme la inversión y que, finalmente, no acompañe suficientemente la expansión económica prometida.

Las personas y, entre ellas, los responsables públicos, no siempre toman las decisiones basándose en lo acertadas que éstas sean. A veces tomamos decisiones sabiendo que no lo son. Pero tampoco podemos confiar en tomar decisiones sobre la base de la creencia de que otros van a corregir sus -malas- decisiones por otras nuevas y, en nuestra opinión, correctas.

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El talento en la enseñanza superior

La premisa base de la relevancia de la gestión del talento se encuentra en la consideración de que el capital humano de una organización es su recurso más valioso, de modo que una ventaja competitiva sostenible se logra a través de un enfoque estratégico para atraer, desarrollar y mantener a los mejores talentos.

El capital humano se refiere a las habilidades, destrezas, conocimientos y experiencia que poseen los empleados de una empresa y, las personas en general. Constituye una parte crucial de los recursos de la empresa. En ocasiones, se piensa que el capital humano adquiere importancia en determinados sectores o en algunas empresas de unas actividades. Sin embargo, la dependencia de las empresas y las organizaciones del  conocimiento y las habilidades de su personal es mucho más importante de lo que a primera vista podría pensarse. Es, en muchos sentidos, la clave de la transformación de las organizaciones y  se espera que tenga un impacto significativo en la estrategia y el rendimiento empresarial.

La gestión del talento es un conjunto integral de procesos de recursos humanos diseñados para atraer, desarrollar, motivar y retener empleados altamente eficaces y comprometidos en una organización. En consecuencia, es susceptible de involucrar una amplia gama de dimensiones y aspectos.

No obstante, la gestión del talento no concierne únicamente a las empresas y organizaciones que incorporan personal. También forma parte de las misiones de los centros de formación y aprendizaje. En este sentido, los centros de formación superior deben de ser conscientes que también contribuyen al desarrollo del talento a través de prácticas y metodologías pedagógicas pertinentes. 

La formación universitaria y, en general, la superior desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y la potenciación del talento estudiantil. Para favorecer este talento, las instituciones de educación superior pueden implementar una variedad de actividades y metodologías orientadas tanto a la excelencia académica como al desarrollo integral de los estudiantes. Estas actividades y metodologías deben enfocarse en habilidades técnicas y competencias transversales que se alineen con las demandas del mercado laboral actual y futuro.

A continuación, se detallan algunas estrategias y actividades que las universidades y centros de enseñanza superior pueden emplear para potenciar el talento:

  1. Aprendizaje Basado en Problemas (ABP): Esta metodología sitúa a los estudiantes en situaciones problemáticas cercanas a la realidad profesional, estimulando su capacidad para el análisis crítico, la solución de problemas y el aprendizaje autónomo. Se trata de implementar y fortalecer la necesidad de indagar en la problemáticas que cada situación presenta. 
  2. Aprendizaje Basado en Proyectos (ABPj): Similar al ABP, el ABPj requiere que los estudiantes desarrollen proyectos que a menudo resultan en un producto o solución tangible, fomentando la innovación, el trabajo en equipo y las habilidades de gestión de proyectos. Comporta la necesidad de establecer las diferentes tareas, la secuencia de su ejecución y los necesidades de recursos. 
  3. Estudios de Caso: Analizar casos reales o simulados ayuda a los estudiantes a comprender la aplicación práctica de los conceptos teóricos y a desarrollar habilidades de toma de decisiones basadas en la evidencia. Con el estudio de casos, se permite la articulación de los conocimientos nuevos con los ya adquiridos, potenciar la autonomía en el desempeño de las tareas analíticas y la capacidad comunicativa de contextos pseudo-reales. 
  4. Simulaciones y Juegos de Roles: Estas actividades pueden mejorar la capacidad de los estudiantes para adaptarse a diferentes escenarios y roles profesionales, promoviendo habilidades como la negociación, la empatía y el liderazgo. Se trata de aprender sobre la base de experiencias reales o ficticias.
  5. Prácticas Profesionales y Pasantías: La experiencia en el mundo real es invaluables. Las pasantías pueden brindar a los estudiantes una vista previa de su campo de interés y desarrollar conexiones profesionales. Permite cambiar el entorno en que se desempeñan los estudiantes y pasar del entorno del aula al del puesto de trabajo. Pueden tener ventajas importantes tanto a la hora de asegurar el transito desde el centro educativo al mundo del trabajo, como también una oportunidad para comprobar como se materializan los conocimientos en la toma de decisiones y la resolución de cuestiones propias al mundo del trabajo.  
  6. Investigación y Trabajo de Campo: Fomentar la participación de los estudiantes en proyectos de investigación y trabajo de campo les proporciona una experiencia práctica valiosa y refuerza el aprendizaje mediante la aplicación directa de conocimientos. Estas actividades llevan la exigencia también de buscar y recoger información, organizarla y analizarla en aras a resolver las problemáticas de investigación planteados.  
  7. Educación Interdisciplinaria: Exponer a los estudiantes a una variedad de disciplinas les ayuda a desarrollar una visión más integral y a aprender cómo los diferentes campos del conocimiento se interconectan.
  8. Metodologías Activas de Aprendizaje: Promover la participación activa de los estudiantes en su proceso de aprendizaje, como el aprendizaje invertido (flipped learning), donde los estudiantes estudian el material por adelantado y utilizan el tiempo de clase para discusiones enriquecedoras y actividades prácticas.
  9. Desarrollo de Habilidades Blandas: Taller y cursos sobre liderazgo, pensamiento crítico, comunicación efectiva, gestión del tiempo, y trabajo en equipo para complementar la formación técnica o especializada.
  10. Tecnología y Aprendizaje Digital: Utilizar herramientas digitales y plataformas de aprendizaje en línea para complementar la enseñanza y ofrecer flexibilidad en el aprendizaje. Fortalecer una cultura digital efectiva. 
  11. Redes de Networking y Mentores: Crear oportunidades para que los estudiantes se conecten con profesionales y ex-estudiantes, promoviendo así la formación de redes de contactos que pueden ser fundamentales para su desarrollo profesional. Fomentar la idea de la necesidad de crear redes sociales personales. 
  12. Emprendimiento y Creación de Empresas: Ofrecer recursos y apoyo para los estudiantes interesados en iniciar sus propios negocios o proyectos sociales, incluyendo competiciones de planes de negocio, incubadoras de empresas y fondos semilla.
  13. Evaluaciones Formativas: Implementar formas de evaluación que proporcionen retroalimentación constructiva, permitiendo a los estudiantes reflexionar sobre sus progresos y áreas de mejora.
  14. Educación Global e Intercambio: Programas de intercambio y la posibilidad de estudiar en el extranjero para exponer a los estudiantes a diferentes culturas y sistemas de pensamiento, preparándolos para una economía globalizada.

Estas actividades y metodologías deberían acompañarse de un enfoque reflexivo y crítico que permita a los estudiantes no sólo adquirir conocimiento, sino también cuestionar, adaptar y aplicar dicho conocimiento en una variedad de contextos. Es necesario fortalecer la idea de que el conocimiento tiene vocación de acción tanto en el terrenos de la ciencias, en las ciencias de la salud, de la sociedad o de las artes. El talento y el conocimiento deben estar al servicio de la resolución de los problemas que las personas y las sociedades encuentran en su progreso y, en este sentido, el conocimiento y el talento deben estar al servicio de la acción. 

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(c) Imagen generada con DALL·E

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