Elies Furió Blasco & Matilde Alonso Pérez (Université de Lyon)
Si algo define la coyuntura de 2026 es que ya no tiene sentido hablar de «el» ciclo económico mundial: hay, como mínimo, tres evoluciones diferentes de ciclo económico avanzando en paralelo. Estados Unidos y España crecen con fuerza (aunque su interconexión es otra cosa), el núcleo de la eurozona apenas se mueve, y China gestiona, con más orden del que sugieren los titulares, una desaceleración que ya dura varios trimestres. Esta entrada incorpora algo de instrumental teórico, gráficos y una mirada más de cerca a Francia, la política comercial estadounidense, la transición energética y la letra pequeña de la inversión en Inteligencia Artificial.
Un poco de teoría, sin fórmulas
Dos ideas ayudan a ordenar todo lo que sigue. La primera es la brecha de producción: la diferencia entre lo que una economía produce y lo que podría producir de forma sostenible sin generar inflación creciente. Una economía con brecha positiva (como parecen tener hoy Estados Unidos o España) tira de precios al alza; una con brecha negativa o con crecimiento potencial deprimido (como Alemania, que apenas ha crecido desde 2019) tiene margen ocioso. La segunda idea es la distinción entre choques de oferta y de demanda: un choque de oferta adverso, como el petróleo por la guerra con Irán, sube los precios y baja la producción a la vez (la temida combinación estanflacionaria); un choque de inversión, como el de la Inteligencia Artificial o el de la transición energética, tira primero de la demanda, y sólo más adelante, si cuaja, empuja también la oferta vía productividad. Con estas dos ideas en mente, el resto de la entrada se entiende mejor.
El contraste que más llama la atención
Entre el primer y el segundo trimestre de 2026, Alemania pasó de crecer un 0,4 % a un 0,2 % intertrimestral, Italia hizo lo mismo (de 0,3 % a 0,2 %) y Francia directamente se quedó plana. Mientras tanto, España aceleró de un ya notable 0,6 % a un 0,7 %, con un crecimiento interanual del 2,7 %, muy por encima de la media de la eurozona. La propia OCDE atribuye la moderación alemana e italiana a factores de demanda interna, mientras que el INE destaca que España encadena ya veinticuatro trimestres consecutivos de crecimiento intertrimestral positivo, apoyada en el consumo de los hogares y la inversión en construcción.

PIB real, variación intertrimestral. Alemania, Francia, Italia y España. Fuentes: OCDE e INE.
Estados Unidos: aranceles, estímulo y una Fed que afloja
El caso estadounidense merece un vistazo aparte. El FMI calcula que los aranceles, que han disparado el arancel medio efectivo del 2,5 % a más del 15 % (el más alto desde la Segunda Guerra Mundial), funcionan como el libro de texto predice de un choque de oferta: algo más de inflación, algo menos de producto. Lo llamativo es que el crecimiento no se ha resentido: la ley fiscal conocida como One Big Beautiful Bill y la relajación de tipos de la Reserva Federal han compensado ese lastre, y el FMI señala además un crecimiento de la productividad amplio y robusto como sostén adicional. El Reino Unido, por su parte, aceleró del 0,2 % al 0,6 % intertrimestral entre el cuarto trimestre de 2025 y el primero de 2026, para moderarse de nuevo al 0,4 % en el segundo.

PIB real, variación intertrimestral. Estados Unidos y Reino Unido. Fuentes: OCDE y ONS.
Francia: por qué el mercado se encoge de hombros ante las rebajas
Desde septiembre de 2025, Fitch y S&P han rebajado la calificación de Francia, y aun así el diferencial entre la deuda francesa y la alemana a diez años se mueve en una banda de 65 a 85 puntos básicos (83,6 puntos básicos el 21 de agosto de 2026), muy lejos de los más de 225 puntos que llegó a alcanzar en la crisis de 2011. La explicación es tan técnica como reveladora: la regulación bancaria europea solo endurece de verdad los requisitos de capital cuando una rebaja cruza un umbral determinado (un «escalón de calidad crediticia»), y el mercado ya había anticipado buena parte del movimiento.
Lo más incómodo, sin embargo, no es el mercado, sino la aritmética de la sostenibilidad de la deuda. Francia mantiene un déficit primario cercano al 3,4 % del PIB hasta 2030, mientras que Italia, con una deuda mucho más alta en proporción al PIB (en torno al 135-139 %, frente a unos veinte puntos menos en Francia), ya se acerca al superávit primario necesario para estabilizar la suya. El nivel de deuda importa, pero la trayectoria y la voluntad de corregirla importan más. Y el cortafuegos del BCE, el Instrumento de Protección de la Transmisión, tiene una trampa de diseño para el caso francés: solo se activa si el ensanchamiento del diferencial no está justificado por el deterioro de los propios fundamentos fiscales, precisamente lo que le está ocurriendo a Francia.
China: desaceleración, no colapso
China creció un 4,3 % interanual en el segundo trimestre, frente al 5,0 % del primero: el ritmo más flojo desde mediados de 2024. La Oficina Nacional de Estadísticas señala que la construcción y la inversión privada siguen lastradas por el largo ajuste inmobiliario, mientras que las manufacturas y las exportaciones sostienen la actividad. Pekín ya ha reaccionado con un objetivo de déficit fiscal cercano al 4 % del PIB para este año. Japón, mientras tanto, sigue siendo el más irregular del grupo: repuntó al 0,5 % intertrimestral en el primer trimestre de 2026 y volvió a moderarse al 0,3 % en el segundo, con el consumo privado estancado.

PIB real, variación intertrimestral. China y Japón. Fuentes: NBS de China y OCDE.
La transición energética: el otro ciclo de inversión del que se habla menos
Junto al petróleo y la Inteligencia Artificial, hay un tercer factor que rara vez comparte titulares: la inversión mundial en energía limpia supera ya, por segundo año consecutivo, a la inversión en combustibles fósiles, y la Unión Europea aumentó su gasto en transición energética un 18 % en 2025. El Foro Económico Mundial apunta que en 2026 esta transición se plantea cada vez más como una carrera de política industrial y competitividad (baterías, hidrógeno, redes eléctricas), que como una cuestión estrictamente climática, con China invirtiendo casi tanto como Estados Unidos y la Unión Europea juntos. En España, de hecho, el despliegue renovable figura entre los factores que sostienen la fortaleza de la inversión: es, en la práctica, otro motor de demanda dentro del ciclo actual.
IA: ¿ya hay productividad, o todavía es solo inversión?
Aquí conviene ser precisos. Un estudio de la Reserva Federal de Kansas City muestra que la productividad laboral estadounidense lleva por encima de su tendencia pre-pandemia desde 2022, justo cuando despegó la IA generativa, aunque los propios autores describen esa relación como sugerente, no probada. El dato más fino llega de los datos oficiales de productividad del primer trimestre de 2026: mientras la producción por hora trabajada sigue acelerando, la productividad total de los factores (la que mide eficiencia real, no solo más capital) se desaceleró del 1,5 % al 0,8 % entre 2024 y 2025. Traducido: las empresas están invirtiendo mucho en IA, y eso ya empuja algo la productividad laboral, pero la ganancia de eficiencia genuina, la que hablaría de una mejora de competitividad duradera, todavía no se distingue con claridad en los datos agregados. En 2026, con lo que sabemos hoy, la IA sigue siendo sobre todo una historia de inversión.
¿Y ahora qué?
Quedan más preguntas abiertas que certezas: si la brecha entre inversión y productividad de la IA se cierra con una aceleración real de la eficiencia o con una corrección de expectativas; si el ciclo inversor de la transición energética amortiguará futuros choques petroleros o si la dependencia fósil de corto plazo limita ese efecto; si la disciplina fiscal que hoy exhibe Italia frente a Francia aguanta políticamente; y si el estancamiento franco-alemán es ya estructural o solo un fenómeno cíclico ligado a los costes energéticos. En buena medida, el hilo conductor sigue siendo el mismo: la disciplina fiscal y la composición del crecimiento, más o menos dependiente de la demanda interna, están marcando, más que nunca, quién crece y quién no dentro de Europa.
Nota: los datos de 2026 citados en esta entrada son provisionales («avance») y están sujetos a revisión por los institutos de estadística nacionales. Fuentes: OCDE, INE, NBS de China, FMI, ONS/House of Commons Library, Reserva Federal de Kansas City, Indeed Hiring Lab, Foro Económico Mundial y Consejo de la Unión Europea (consultadas en septiembre de 2026).






