La política en la Economía

Matilde Alonso y Elies Furió (Universidad de Lyon, Francia)

El Brexit y la victoria de D. Trump en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos han evidenciado la facilidad con la que se equivocan los economistas cuando en sus análisis intervienen variables de naturaleza política. Es cierto que los factores políticos no se sitúan en el centro del análisis económico, sino que, en no pocas ocasiones, están subestimados, cuando no simplemente se les considera factores exógenos. Sin embargo, nada de ello parece impedirnos a los economistas establecer conclusiones sobre procesos que son fundamentalmente políticos y, a partir de ellos, desarrollar las consecuencias económicas de la situación política.

Asimismo, en no pocas ocasiones, parte de la clase política parece delegar en la economía y los economistas para buscar causes de solución a problemas eminentemente políticos. No pocos aspectos del conflicto entre Cataluña y Madrid sobre el encaje institucional de aquella son una muestra. Voilà: la política en la Economía.

La política como una perturbación externa en la economía

Existe una tendencia por parte de los economistas a atribuir a los eventos políticos la naturaleza de un shock exógeno. Dentro de la más pura tradición del análisis cíclico, estos shocks políticos exógenos perturbarán la economía a corto plazo, la desplazarán temporalmente fuera de su senda de comportamiento a largo plazo, pero en modo alguno, conducirán a una modificación de la tendencia a largo plazo de la misma. En este sentido, la política en el peor de los casos solo sería una distracción temporal de la situación y evolución económicas. La racionalidad de las expectativas podría acortar la duración de la distracción.

En cambio, si nos posicionamos en la perspectiva de las teorías de los ciclos reales, los shocks tienen consecuencias permanentes y modifican la senda de comportamiento a largo plazo de las economías y por ende de las sociedades, alteran las trayectorias en las que se mueve la economía de los países. Aquí, los shocks políticos (dependiendo de su naturaleza y alcance) podrían manifestar sus consecuencias económicas a medio y largo plazo, escasamente a corto plazo.

La política y los mercados

Por su parte, los mercados parecen caracterizarse por dos posicionamientos antagónicos. A corto plazo, parece que sobreestimen ex-ante el riesgo y consecuencias de los eventos políticos caracterizados a priori como negativos. Antes de celebrarse el referéndum sobre el Brexit o las elecciones presidenciales norteamericanas de 2017, ante las previsiones de las encuestas de la victoria del sí para el Brexit, de la de Trump como presidente de Estados Unidos o de un sondeo muy favorable a Marine Le Pen en Francia, los mercados penalizan la cotización de las acciones y de la deuda. Sin embargo, una vez sucedido el acontecimiento, en los casos británico y estadounidense, las bolsas abandonan las caídas anteriores y parecen buscar las virtudes del nuevo escenario; buscan ver lo que no habían visto -o sabido ver- con anterioridad al suceso.

Da la impresión que el riesgo político estaba asociado al evento mismo y no a las consecuencias del evento. Parece que el mercado hiciese una apuesta sobre un evento, si pienso que voy a perder, las bolsas caen; pero una vez he perdido (o ganado, según mi apuesta), lo que sigue es una nueva partida y, esto es empezar de nuevo.

Este modo de proceder supone pensar en términos de modelos económicos de plastilina. Hago una figura, si no me gusta, hago otra sin problemas. Una parte de la esfera financiera puede ser como la plastilina por su alta liquidez relativa; la estructura productiva, nunca lo es.

Además, este forma de modelizar la realidad supone infravalorar las consecuencias a medio y largo plazo de los acontecimientos políticos y manejar los asuntos económicos de un modo excesivamente simplista.

Sendas posibles y bifurcaciones

En el caso del Brexit, un coste político y económico altamente importante es que se pone fin a la irreversibilidad mental del proyecto europeo (aunque tampoco se niega que siga adelante). Esto implica un nuevo escenario entre los susceptibles de ser emprendidos, una renuncia implícita a la búsqueda de soluciones alternativas dentro del proyecto europeo y el reconocimiento explícito que otras soluciones fuera del mismo, ayer descartadas, son factibles.

Es cierto que los costes finales -políticos y económicos- están muy vinculados al sendero exacto con que se construyan esas decisiones políticas. Pero, no es difícil anticipar alteraciones que el Brexit puede ocasionar en los flujos comerciales, financieros, humanos y turísticos dentro de la Unión Europea actualmente existente. Las consecuencias económicas y políticas de facturas ocasionadas por el propio Brexit son más difíciles de cuantificar, pero existen y existirán.

Del mismo pecado padecen muchos de los análisis hechos sobre el conflicto catalano-madrileño. Los independentistas infravaloran costes y sobrevaloran beneficios, los centralistas hacen lo contrario. Pero costes y beneficio están asociados a un proceso que nos es desconocido. Pero el proceso por el encaje dentro o fuera es político.

Variables políticas en los mecanismos económicos

Es pues necesario que el análisis económico incorpore las variables y mecanismos políticos para poder establecer conclusiones pertinentes en el terreno económico. Es preciso escapar de simplificaciones o de razonamientos ingenuos: “Una vez elegido, Trump suavizará irremediablemente su discurso dado que sobre las decisiones del Presidente incidirán la corriente moderada del partido republicano y el propio pragmatismo de la administración estadounidense. La reacción de los mercados financieros actuará en consonancia”. Hay demasiados supuestos en este tipo de afirmaciones y una total ausencia de análisis político para que pueda informar la acción pública y privada en materia económica.

El riesgo político y sus consecuencias económicas y políticas emanaría de lo que algunos analistas y comentaristas han llamado el impacto del populismo sobre la gobernabilidad de un país a largo plazo.

En qué medida el Brexit, el triunfo electoral de Trump, el avance electoral de Marine Le Pen en Francia, la presencia en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales austriacas de un partido nacionalista, el no al referéndum italiano sobre la reforma constitucional propuesto por Renzi, el crecimiento electoral de Podemos en España, el posicionamiento independentista en Cataluña, entre otros, no son todos manifestaciones contradictorias de algunos fenómenos coincidentes a escala global.

Electores-ciudadanos y partidos políticos

Entre ellos, los cambios en las prioridades de electores y gobernantes y la no coincidencia entre ellas; y, también, el distanciamiento entre ciudadanos y electores, por una parte, y políticos y partidos políticos, por otro. El impulso electoral de Podemos y Ciudadanos y la previsible ruptura del bipartidismo en España evidenciarían un nuevo ciclo político alimentado por múltiples acontecimientos y errores políticos.

La creencia de parte de la clase política de que ciertos acontecimientos políticos no puede producirse no es más que un olvido de la historia, de la teoría básica de las estrategias de negociación y de una confusión entre la realidad y sus propios intereses.

El electorado en muchos países tiene la impresión de que los políticos han conformado la realidad a sus propios intereses. En esta tarea, gran parte de los políticos han llegado a creer que no puede materializarse ningún escenario contrario a esos intereses suyos, hasta el extremo que ellos mismos han ignorado las continuas advertencias (de la victoria electoral de posiciones políticas firmemente nacionalistas o antieuropeas, del avance de los partidarios de la independencia en Cataluña…). “Somos tan necesarios para la buena gobernabilidad de España, que la corrupción nunca nos pasará factura o, cuanto menos esa factura no nos impedirá seguir gobernando”, ha podido llegar a pensar algún político español de distinto signo ideológico.

Internet y la globalización

Entre otros factores, Internet está detrás del cambio de comportamiento político de los ciudadanos y electores. Algunos políticos no llegan a darse cuenta, otros piensan que es manejable. Pero Internet también hace posible que un acontecimiento político local se convierta en un riesgo global. Internet forma parte esencial de la mundialización financiera y cada vez más de la opinión pública. Al igual que una turbulencia financiera local puede ocasionar serios problemas financieros globales, determinados acontecimientos políticos locales pueden perturbar profundamente la situación política nacional o internacional.

La globalidad del predominio actual de la política puede verse en una serie de situaciones y circunstancias comunes. En primer lugar, la impotencia que se ha instalado en la población ante la idea de una susceptible mejora social a nivel personal. Buena parte de la población piensa que las nuevas generaciones se enfrentan a unas perspectivas vitales peores que las suyas o de sus padres. No sabemos si la idea de progreso ha muerto, pero el sentimiento de la ciudadanía en todo caso es poco propenso a esa idea. La mayor abstención y la volatilidad electorales, el rechazo a la clase política tradicional y la consagración de nuevos personajes políticos son respuestas ante tal impotencia.

Partidos políticos y las preferencias ciudadanas

El surgimiento de nuevos personajes en la escena política forma parte de la búsqueda de nuevos liderazgos por parte de la población y de los electores. Los partidos políticos tradicionales no han sido capaces de asegurar el surgimiento de nuevos líderes, tampoco han sabido atraerlos. Demasiado preocupados en los asuntos de aparato, pensarán unos, o preocupados por la persecución de sus intereses privados, proclamarán otros. Pero el hecho es que carecemos de líderes en un momento en que la gobernanza política y económica es sumamente compleja sobre todo por la cada vez mayor polarización social. El incumplimiento de una de sus funciones por parte de los partidos políticos y la llegada de personajes más o menos mesiánicos, debilitan las instituciones ya amenoradas por la ausencia de transparencia y de controles eficaces.

Ante ese nuevo escenario político, tenemos que ser conscientes que las actuales estructuras económicas mundiales no están preparadas y ello genera mucha incertidumbre. A estas alturas no tendríamos que confundir la incertidumbre con el riesgo, pero tampoco pensar que, con poder atribuir una probabilidad a un evento, el riesgo que el mismo conlleva ha desaparecido gracias al mero cálculo. El análisis puede informar la acción, pero no es ni de lejos la acción. Pero, los propósitos de la acción también pueden diferir de las consecuencias finales de la acción.

Mankiw y la Nueva Economía Keynesiana

E.F.

En 1992, N. Gregory Mankiw escribía un artículo dedicado al resurgimiento de la Economía keynesiana[1]. En su opinión, la Nueva Economía Keynesiana (NEK) de la época tenía una serie de rasgos comunes y otros que los diferenciaban del pensamiento keynesiano tradicional. Con éste compartía el cuestionamiento de la visión walrasiana para explicar las grandes expansiones y crisis de la economía contemporánea. También, es común en el tradicional y el nuevo keynesianismo la duda sobre la capacidad del mercado para asegurar el mantenimiento de una situación de pleno empleo. El tercer punto común es la consideración de que el propio funcionamiento del mercado es una causa importante de los ciclos económicos[2].

Existen diferencias entre el tradicional keynesianismo y la NEK. Un aspecto que el NEK ha hecho más evidente es que los economistas que hoy en día se consideran keynesianos también son conscientes (o no) de que su doctrina económica no sigue necesariamente los contenidos de la Teoría General de Keynes u otros de sus escritos. Incluso, algunos de ellos, son conscientes de las discrepancias con el texto fundador del keynesianismo. Asimismo, algunos de los miembros de la NEK reconocen abiertamente la influencia del monetarismo de Friedman y de las ideas de otros autores completamente ajenos al pensamiento keynesiano.

La NEK, a diferencia de los primeros keynesianos, está mucho más preocupada por el largo plazo. Para los nuevos keynesianos, el largo plazo no es la mera adición de cortos plazos. La importancia adquirida por la Economía del crecimiento y su nuevo enfoque serían una manifestación de esta preocupación.

A pesar de los tiempos económicos de la Gran Recesión, parece que no se corre el riesgo de una situación caracterizada por un exceso de ahorro (frente al gasto) como causa de un estancamiento económico prolongado. Un corolario de ello es la consideración de la no oportunidad de un déficit público como recurso para superar los momentos de dificultad económica. Frente a la excesiva preocupación de los antiguos keynesianos por una propensión excesiva al ahorro[3], son muchos los economistas que ahora piensan que una mayor propensión al ahorro puede fortalecer el crecimiento a largo plazo. E, incluso, para algunos economistas y responsables políticos parte de los problemas actuales están vinculados a los desequilibrios globales en el ahorro, puesto que algunos países tienen un exceso de gasto sobre el ahorro nacional (Estados Unidos y buena parte de Europa) mientras que otros presentan un exceso de ahorro (China y Alemania, por ejemplo). Este desequilibrio sería un componente más de la Gran Recesión.

Un cambio mayor en la opinión entre los viejos y los jóvenes keynesianos parece encontrarse en el papel asignado a las políticas monetarias y fiscales. Para los viejos keynesianos, la política de gestión de la demanda, la política de estabilización, debía recaer en la política presupuestaria. La política monetaria vendría determinada básicamente como una política instrumental al servicio de la presupuestaria. En cambio, en la actualidad, la posición se ha invertido, la política monetaria se ha convertido en la pieza clave y principal de las políticas de gestión macroeconómica. La mejor política presupuestaria es aquella que no perturbe en absoluto a las magnitudes monetarias. De ahí, la insistencia en el equilibrio presupuestario y la sostenibilidad de las finanzas públicas.

La gestión de política económica de la Gran Recesión en Europa evidencia esta evolución doctrinaria. Pocas voces de los economistas instalados y con un público cautivo e influyente están dispuesto a aceptar un mayor protagonismo de la política fiscal. La política monetaria es suficiente, piensan; además, la voluntad del gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi, de hacer cuanto sea necesario, reconforta este posicionamiento doctrinario.

Es cierto que dados los elevados niveles de deuda que presentan algunos países europeos (por encima del 100% de sus respectivos PIB o próximos a ellos) y el carácter estructural del déficit primario de algunas economías, aumentar el gasto público podría provocar o agravar las dificultades de las finanzas públicas. La mercado de la deuda soberana podría adquirir una gran inestabilidad y perturbar al conjunto de la economía si el nivel de los tipos de interés abandonase la actual excepcionalidad (tipos nulos o negativos). En este sentido, no sería un error insistir en la necesidad de reducir los niveles de la deuda soberana, aunque sí podría serlo depositar todas las confianzas de la recuperación económica a largo plazo en la política monetaria. Fundamentar las bases del crecimiento económico a largo plazo en unos tipos de interés reales negativos o próximos a cero parece ilusorio.

Pero no siempre están de acuerdo la Nueva Economía Keynesiana y la Nueva Economía Clásica (NEC). En la discusión entre un arbitraje entre desempleo e inflación, la primera dice que existe en el corto plazo, la segunda niega tal arbitraje para cualquier horizonte temporal. Sin embargo, ello no significa que todos los miembros de la NEK sean claramente favorables a una política discrecional frente al seguimiento de reglas de política económica. Para el propio Mankiw[1], la política discrecional es intrínsecamente inflacionista y es preferible, cuando no indispensable, seguir una regla.

Pese a la imprenta que la NEC ha dejado sobre la NEK, ésta todavía sostiene la existencia de un paro involuntario, la no neutralidad del dinero y la rigidez de los precios y los salarios.

Bibliografía

[1]    N. Gregory Mankiw, «The Reincarnation of Keynesian Economics», European Economic Review, vol. 36, pp. 559-565, 1992.

[2]    Furió Blasco, Elies, Los lenguajes de la Economía. Un recorrido por los marcos conceptuales de la economía. Editions Europeennes.

[3]    M. Feldstein, «Counter-Revolution in Progress», Challenge, vol. 31-4, pp. 42-6, ago. 1988.

Déficit y deuda públicos en Francia

En 2014, el déficit público francés representaba un 3,9% del PIB (1). Este ratio confirma una tendencia decreciente motivada por el mayor incremento de los ingresos respecto de los gastos públicos. La tendencia presupuestaria ha sido un crecimiento sobre todo de los ingresos fiscales indirectos y un aumento –menor- de los beneficios fiscales vinculados a programas de inversión empresarial y al empleo.

A nivel de las diferentes administraciones, el mayor esfuerzo lo han llevado a cabo la administración local, seguido de la Seguridad Social. En cambio la administración central ha contribuido al incremento del déficit público, básicamente porque ha asumido el gasto fiscal relativo a los programas de competitividad y empleo.

La deuda pública francesa representa el 95,6% del PIB. Un porcentaje que supone un incremento respecto a los niveles de 2013. Algo más de la mitad de esta deuda pública (57%) está en manos de no residentes. Un 12% del total de deuda pública tiene un vencimiento inferior al año.

Estonia es el país europeo con menor ratio deuda pública / PIB (10,6 %) para 2014; mientras que en el caso de Grecia suponía el 177%, Italia 132%, Portugal, 109,7%. El promedio de la eurozona se situaba en 91,9%.

 

Referencia

  1. “Dette et déficit publics”, Tableaux de l’Economie Française, INSEE, Edition mars 2016

El déficit público estructural

El déficit cíclico es un empeoramiento de la situación económica. En estas circunstancias, los ingresos públicos se reducen y los gastos públicos aumentan, el mayor peso de estos respecto a los anteriores, ocasiona un déficit presupuestario. En cambio, el déficit estructural no está motivado por el empeoramiento coyuntural de la economía, sino que presenta una naturaleza sistemática y está presente tanto en las recesiones como en las recuperaciones y los auges. Se corresponde con una situación de desequilibrio sistemático y permanente, estructural de las cuentas públicas. En otros términos, el déficit estructural es el componente del déficit público que no se corresponde con la situación de auge o recesión, sino que denota el desequilibrio permanente –estructural- en la financiación de las cuentas públicas. Es pues un déficit corregido del ciclo económico y, como tal, pretende establecer la verdadera posición fiscal de un país.

El concepto de déficit estructural fue recuperado por el Pacto Fiscal Europeo (1). En virtud del mismo, las partes contratantes se comprometen a presentar un saldo presupuestario equilibrado o con superávit. No obstante se considera respetado el pacto, siempre y cuando se presente un déficit estructural anual del 0,5% del PIB a precios de mercado, con un compromiso por parte del país en cuestión para alcanzar a medio plazo el objetivo de equilibrio o superávit. Sin embargo, cuando la proporción entre la deuda pública y el producto interior bruto a precios de mercado esté muy por debajo del 60 % y los riesgos para la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas sean bajos, el límite inferior del objetivo a medio plazo especificado (en el 0’5% del PIB) podrá alcanzar un déficit estructural máximo del 1 % del producto interior bruto a precios de mercado.

Pero el problema máximo del concepto de déficit estructural es sobre todo su cálculo técnico y las múltiples interpretaciones que pueden presentarse. El déficit estructural es el déficit que un país alcanzaría en una situación cíclica neutral, con la tasa de paro estructural o NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación). En términos de producción, la tasa de paro estructural se corresponde con la producción potencial; esto es, con el nivel del producto interior bruto que pueden mantenerse a lo largo del tiempo. Para 2006, la Comisión Europea estimaba la tasa de paro natural de la economía española en 11,0% y, para 2012, la situaba en el 21,7%. Teniendo en cuenta que estamos valorando un componente estructural que debe ser relativamente estable a medio plazo la diferencia existente entre el valor de 2012 y el de 2006 solamente es compresible a luz de dos razones: o bien, es sumamente difícil su estimación y, por tanto, cualquier valoración debe considerarse con mucha precaución; o bien, la economía española ha sufrido entre 2006 y 2012 un shock estructural de enormes consecuencias. Si tomamos la primera explicación, concluimos la enorme dificultad para determinar el déficit estructural en el caso de España. Para 2006, la Comisión Europea estimaba el saldo presupuestario estructural en 1,7% del PIB y, para 2012, en el -5,7% del PIB. Se comprende mejor la multitud de interpretaciones (2) que existen en el debate en torno al déficit estructural y la sostenibilidad de las cuentas públicas.

Referencias

1. BOE. Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria entre el Reino de Bélgica, la República de Bulgaria, el Reino de Dinamarca, la República Federal de Alemania, la República de Estonia, Irlanda, la República Helénica, el Reino de España, la República Francesa, la República Italiana, la República de Chipre, la República de Letonia, la República de Lituania, el Gran Ducado de Luxemburgo, Hungría, Malta, el Reino de los Países Bajos, la República de Austria, la República de Polonia, la República Portuguesa, Rumanía, la República de Eslovenia, la República Eslovaca, la República de Finlandia y el Reino de Suecia, hecho en Bruselas el 2 de marzo de 2012. [Internet]. 2013. Disponible en: https://www.boe.es/boe/dias/2013/02/02/pdfs/BOE-A-2013-1118.pdf

2. Andrés, J.; Domenech, R. El déficit estructural de la economía española [Internet]. Nada es Gratis. 2013. Disponible en: http://nadaesgratis.es/andres/29253

La economía institucional

efurio@valitrenta.com

La publicación del libro de Oliver E. Williamson (1975), marcó el resurgimiento del análisis institucional en la economía. Los trabajos de Douglass C. North (1990) reforzarían la percepción de la importancia de la Economía institucional. Williamson focalizó la atención en la empresa y Douglass en la contribución de las instituciones al desempeño y el cambio económico.

Empresa como institución

En el análisis estándar, la empresa es considerada como una una caja negra donde tiene lugar la combinación de factores productivos; existe una función de producción fruto de una tecnología, que utiliza en diferentes proporciones los factores productivos –recursos naturales, capital y trabajo-, dando lugar a costes de producción y a rendimiento productivos. No existe una preocupación analítica por las dimensiones organizativas e institucionales de la empresa.

Costes de transacción

En 1937, Ronald Coase introdujo el concepto de costes de transacción. Estos se presentan antes, durante y después de los costes de producción. Para Coase, la presencia de la empresa significaría un reconocimiento de la existencia de un coste vinculado a la utilización del mercado (Coase, 1937). Se trata de costes propios a la “organización” de la producción y de los costos de preparación, de negociación y conclusión de los contratos. En determinadas esferas, la coordinación administrativa –la propia de la empresa- aparece como más ventajosa que la coordinación vía precios del mercado (Coase, 1937). En ausencia de costes de transacción el mercado sería el modo de coordinación más eficiente, pero su existencia da mayor protagonismo a la empresa (Teorema de Coase) (Coase, 1960).

Aunque no es la única, una cuestión importante es cuál es el límite de la empresa, cuándo conviene la empresa y cuándo el mercado, qué equilibrio establecer entre internalización y externalización: los costes de transacción pueden ser crecientes o decrecientes con el tamaño empresarial, al igual que los costes de producción. Visto de este modo, se tiene un problema de optimización idéntico al que surge con los costes de producción y, en consecuencia, no nos alejaríamos en exceso del análisis microeconómico convencional.

Sin embargo, en ocasiones, con el tamaño los costes de producción son decrecientes y los costes de transacción son crecientes. En otros casos, ambos pueden ser crecientes o, simultáneamente decrecientes.

Jerarquía, mercados y oportunismo

La labor de Williamson consistió en identificar los diferentes factores que hacen posible el arbitraje entre la organización jerárquica –la empresa- y la organización descentralizada -el mercado. En este ejercicio, incorporó el concepto de simoniano de racionalidad limitada. En este caso, implica que los contratos, incluso los más complejos, son incompletos en el sentido que no incorporan todos los estados de la naturaleza. La incertidumbre hace imposible anticipar los posibles estados de la naturaleza. Asimismo, considera que los agentes económicos son oportunistas en el sentido de que recurren al engaño y las trampas. El oportunismo expresa también un problema de selección adversa y de riesgo moral. El riesgo del oportunismo aumenta los costes de transacción –de negociación y de supervisión- y favorecen el uso del mecanismo de coordinación jerárquico.

La selección adversa se refiere a las situaciones previas a la firma de un contrato, en las que una de las partes contratantes, por motivos de que dispone de una menor o peor información, no es capaz de distinguir la buena o mala calidad de lo ofrecido por la otra parte. Las aplicaciones de la selección adversa han sido múltiples en economía: el mercado del seguro, de los automóviles de segunda mano o como microfundamentos de la teoría de los salarios de eficiencia (Akerlof, 1970) (Akerlof & Yellen, 1986).

Por su parte, el riesgo moral es un concepto económico que describe aquellas situaciones en las que un individuo tiene información privada acerca de las consecuencias de sus propias acciones y, sin embargo, son otras personas las que soportan las consecuencias de los riesgos asumidos. El riesgo moral nos informa de cómo los individuos asumen en sus decisiones mayores riesgos cuando las posibles consecuencias negativas de sus actos no son asumidas por ellos mismos, sino por un tercero. Para Kenneth Arrow, el concepto de riesgo moral tiene asociado una delegación de responsabilidad.

Características de las transacciones

Para Williamson las transacciones pueden caracterizarse a partir de tres aspectos

  1. La especificidad de los activos
  2. La incertidumbre de la transacción y
  3. La frecuencia de la transacción

Un activo es específico si carece de usos alternativos o estos son mínimos. Además, son activos que requieren una inversión a largo plazo. La especificidad puede estar motivada por características físicas del activo, por su emplazamiento, por el tamaño del mercado, por los conocimientos especializados necesarios para la transacción, por la identificación de un mercado, por la necesidad de sincronizar la producción,…

La incertidumbre se refiere tanto a los estados de la naturaleza como al comportamiento oportunista de los agentes. Por último, las transacciones pueden ser únicas, ocasionales o recurrentes. La recurrencia influye en los dos aspectos anteriores.

Estructuras de gobernanza y tipos de contratos

Williamson no se ocupa únicamente de las estructuras de gobernanza principales, el mercado y la empresa, sino también de las formas intermedias o hibridas: la subcontratación, la franquicia, las redes de empresas, joint ventures,… En su opinión cada forma de gobernanza corresponde a un tipo de contrato y, en este punto, diferencia tres tipos de contratos:

  1. Contrato clásico
  2. Contrato neoclásico
  3. Contrato de subordinación

Los contratos clásicos corresponden a un intercambio de mercado en que la transacción recae sobre productos estandarizados que no requieren una inversión específica. Son contratos a corto plazo –de ejecución única u ocasional. Por su parte, el contrato neoclásico es un híbrido: surge con transacciones que requieren activos específicos, con niveles de incertidumbre y riesgo de oportunismo elevados. Son contratos de largo plazo e incompletos.

Los contratos de subordinación o contrato personalizado es el propio de las relaciones jerárquicas que ocurren en el seno de la empresa. Sustituye al contrato neoclásico cuando el riesgo de oportunismo aumenta por el incremento de la incertidumbre y por la importancia de la especificidad de los activos.

En su opinión, los costes de transacción y la especificidad de la inversión son los factores fundamentales que determinan el tipo de contrato y la estructura de gobernanza. No obstante, no son categorías opuestas sino, más bien, manifiestan un continuo.

Instituciones y desempeño económico agregado

En 1993, Robert W. Fogel y Douglass C. North recibieron el premio Nobel de Economía por su contribución a la Nueva Historia Económica. Ésta consiste en la aplicación de la teoría económica y de los métodos cuantitativos a la explicación del cambio económico e institucional en los análisis de historia económica.

Evolución institucional y cambio económico.

Para North, los factores de producción y su dotación no son la causa del crecimiento económico. Son una manifestación del propio crecimiento económico, puesto que, en su opinión, los responsables son las instituciones mismas. En su opinión, las instituciones son restricciones (formales e informales) que estructuran las interacciones económicas, políticas y sociales. La ley o los derechos de propiedad son ejemplos de instituciones formales; la costumbre, las tradiciones y los códigos de conducta socialmente sancionados son ejemplos de instituciones informales.

North comparte la opinión de Coase y Williamson acerca de la importancia de los costes de transacción. Estos y la incertidumbre determinan la existencia y el alcance de los intercambios mercantiles. Estos serán importantes siempre que los costes de transacción y la incertidumbre sean reducidos. Las sociedades crean instituciones con la finalidad de establecer el orden y reducir la incertidumbre en los intercambios. De este modo, la historia se manifiesta gracias a la evolución de las instituciones. La evolución institucional orienta el cambio económico bien hacia el crecimiento, bien hacia el estancamiento o el declive.

Lo importante no es tanto que unas instituciones ofrezcan una mayor desempeño en el presente que otras. La importancia de las instituciones se encuentra ante todo en el hecho de que condicionan las posibles sendas de desempeño futuro.

Las instituciones como creencias compartidas

Masahiko Aoki distingue tres definiciones de instituciones:

  1. Las instituciones son organizaciones importantes en el sistema económico, político y social. El Estado es, en este sentido, una institución.
  2. Instituciones son también las reglas de juego –formales o informales- que fijan los movimientos posibles de los agentes
  3. Pero instituciones son para Aoki el equilibrio del juego: una institución es un sistema de creencias compartidas y autosostenidas sobre cómo se desarrolla el juego –la vida económica-. Son senderos de equilibrio sobre los que los jugadores establecen sus estrategias. Un juego puede entenderse como una confrontación de agentes sometidos a la necesidad de tomar decisiones que pueden generar interacciones con el resto de agentes participantes.

Aoki realiza su análisis sobre la base de juegos no cooperativos –evolucionistas-, donde son posibles múltiples equilibrios, a priori indeterminados. En el propio desarrollo del juego, los agentes adquieren o modifican sus creencias compartidas que les ayudan a elegir o definir el equilibrio. Este incrementalismo se debe, en parte, a que con el propio desarrollo del juego se adquiere información y/o se modifica el análisis de la información previamente disponible. Las consecuencias de este incrementalismo y de la interacción entre los agentes transcienden el propio momento presente, se inscribe en la historia y puede proyectarse hacia el futuro.

El comportamiento de los actores está sometido a la influencia de la cultura y la historia, pero las creencias compartidas surgen de las interacciones. Estas interacciones influyen en sus estrategias y determinan los equilibrios alcanzados y, también, los senderos.

Para Aoki, la diversidad de las instituciones y la complementariedad institucional son importantes en el comportamiento económico. Fijan el sendero y condicionan el cambio económico y, con ello, el desempeño presente y futuro.

Trabajos citados

Akerlof, G. A. (1970). The Market for Lemon: Quality Incertainty and the Market Mechanism. The Quarterly Journal of Economics, 84(3), 488-500.

Akerlof, G. A., & Yellen, J. (1986). Efficiency Wage Models of the Labor Market. Cambridge: Cambridge University Press.

Coase, R. (1937). The Nature of Firm. Economica, 4(16), 386-405.

Coase, R. (Octobre de 1960). The Problem of Social Cost. Journal of Law and Economics, 3, 1-44.

North, D. C. (1990). Institutions, Institutional Change and Economic Performance. Cambridge, Mass.: Cambridge University Press,.

Williamson, O. E. (1975). Markets and Hierarchies: Analysis and Antitrust Implications. Nueva York: The Free Press.

 

La política macroprundencial

efurio@valitrenta.com

La crisis económica actual cuenta desde su origen y en su desarrollo con un fuerte componente financiero. En opinión de algunos autores, la Gran Recesión ha mostrado la necesidad de incorporar explícitamente a la política económica de regulación financiera las consecuencias macroeconómicas que la materialización de los riesgos financieros puede ocasionar. Necesidad que implica la incorporación de la política macroprudencial, una nueva línea de actuación, al arsenal de la política económica.

Es cierto que no todos los autores son unánimes en este sentido, para algunos entre ellos, bastaría con mejorar la regulación y la supervisión financiera tradicional, y no sería necesario diseñar nuevas instituciones de política económica. Para otros, bien la regulación tradicional sería insuficiente, o bien el propio diseño de las políticas públicas en la esfera económica recomendaría una nueva generación de políticas económicas. Sería necesario llenar un vacío entre el ejercicio de la regulación prudencial tradicional (microprudencial) y el de la política monetaria (1).

La regulación y la supervisión financieras forman parte de las políticas microeconómicas y se las denomina, en ocasiones, política microprudencial. En particular, esta política trata del diseño de determinados mercados financieros y monetarios y del comportamiento de los agentes e instituciones financieras que en ellos intervienen. En cambio, muchas de las consecuencias del funcionamiento de estos mercados y comportamiento de sus agentes rebasan la estricta esfera del propio mercado (microeconómica) y cuentan con una dimensión macroeconómica. Por ellos, la política macroprudencial consiste pues en una articulación de la macropolítica y la micropolítica económicas.

El objetivo específico es limitar las consecuencias negativas que, a nivel macroeconómica, puede comportar la materialización de los riesgos microeconómicos. En esencia, es un ejercicio de regulación macropurdencial destinado a prevenir la acumulación y materialización de los riesgos que afectan al sistema financiero en su conjunto y, de este modo ayudar a preservar la estabilidad financiera. Este punto parece básico para prevenir crisis económicas o, al menos, para reducir la intensidad y duración de las crisis económicas como la Gran Recesión.

En los años setenta, se inició el debate acerca de la necesidad de garantizar, de la mano de las políticas macroeconómica, la estabilidad financiera. Pero, ha sido sobre todo a raíz de la Gran Depresión cuando se ha hecho más notoria la necesidad de contar con una efectiva regulación macropudencial; una regulación capaz de responder con eficacia a los cambios experimentados en y por los sistemas financieros.

El nuevo contexto financiero ha conducido a un aumento del incremento del riesgo sistémico. Las causas de éste suelen atribuirse a:

  • Aumento del tamaño individual y colectivo de las instituciones financieras
  • La mayor dimensión de los propios sistemas financieros
  • La internacionalización financiera y la integración de los mercados y actores financieros. Un proceso que podemos denominar como mundialización
  • La mayor complejidad de algunos activos financieros y de las propias transacciones financieras. Una parte de la complejidad está motivada en la opacidad que las innovaciones financieras han podido generar.

No obstante, existen fuentes de riesgo financiero sistémico que se emplazan fuera de los propios mercados financieros. Este sería el caso de los desequilibrios globales y la naturaleza de los flujos brutos.

El conjunto de causas antes enumeradas contribuyen a la formación de riesgos sistémicos. Estos pueden ser interpretados como la instabilidad del sistema financiero cuyo origen puede ser variado. En muchos casos, se teme que las dificultades de una entidad desencadene una cascada de caídas de otras entidades que provoquen un hundimiento de uno o varios mercados financieros que, finalmente, arrastrará a la economía nacional e internacional.

Sin embargo, el riesgo sistémico no es el riesgo del mercado. Una diversificación de la cartera puede contribuir a reducir este último tipo de riesgo. Pero, se considera que poco puede hacer frente al riesgo sistémico. El carácter sistémico de los riesgos aparecen cuando los desequilibrios financieros o del sistema financiero afecta de manera significativa a la actividad económica.

La política macroprudencial asume un rasgo de prevención de los riesgos con el fin de evitar las consecuencias negativas de los mismos. Se trata de prevenir el surgimiento de desequilibrios financieros, de fenómenos procíclicos o de otros riesgos sistemáticos limitando, por una parte, el excesivo crecimiento crédito y del endeudamiento de los agentes económicos y, por otra, aumentando la capacidad de absorción de las consecuencias de los mismos de las instituciones y mercados financieros. No son tanto una línea de actuación orienta a gestionar las crisis financieras, sino ante todo, pretende evitarlas o minimizar las consecuencias de las mismas.

En opinión de Christian Noyer, Gobernador del Banco de Francia, la eficacia de la política macroprudencial depende de los elementos (2):

  • la gobernanza de la política,
  • la identificación de los fallos de mercado causantes de los riesgos sistémicos
  • la identificación e implementación de los instrumentos capaces de corregir dichos riesgos
  • la comprensión de los mecanismos de transmisión e interacción entre la política macroprundencial y las restantes políticas públicas en materia económica, especialmente las políticas monetaria, presupuestaria y microprudencial.

Trabajo colaborativo

El trabajo colaborativo o en equipo implica la creación de un grupo o de grupos de personas. Los miembros de un grupo se reúnen, colaboran e interactúan de forma específica para un fin determinado: el trabajo o el proyecto del grupo de trabajo.

Interacción e interdependencia

Los diferentes miembros del grupo cuentan con habilidades y conocimientos personales (saber, saber-hacer, saber-estar) que, a veces, son idénticos y, otras veces, complementarios. Este conjunto de habilidades y conocimientos deben articularse y comprometerse con el objetivo del grupo, deben estar al servicio del objetivo del grupo.

La interacción y las interdependencias son fundamentales en el funcionamiento del grupo y, como consecuencia de ello, en el éxito del mismo. Son fundamentales porque deben permitir una articulación de los objetivos individuales y grupales. Un buen funcionamiento del grupo pasa por compatibilizar los dos tipos de objetivos.

El trabajo en equipo como competencia

El “trabajo colaborativo” se presenta también como una habilidad, una competencia a dominar; en muchas ocasiones, clave en la empleabilidad. En tanto competencia, el trabajo colaborativo exige el dominio de las habilidades relativas a la inteligencia emocional tales como la comunicación, el compromiso y motivación (intrínseca), el autocontrol, el autoaprendizaje, la relajación, la empatía, la negociación y la gestión de conflictos.

En un trabajo colaborativo intervienen tres aspectos importantes:

  1. La creación de equipos,
  2. El trabajo en equipo y
  3. La dinámica de grupo.

Muchos trabajos de equipo surgen de decisiones ajenas al propio equipo: son fruto de decisiones de la jerarquía o de las circunstancias. El paso del tiempo, modela la composición de los equipos y su funcionamiento.

Información y comunicación

En el proceso de creación del equipo, conviene no perder de vista la motivación de los miembros, la fijación de los objetivos y las características individuales y grupales, la infraestructura de apoyo al funcionamiento del equipo, especialmente los elementos que garanticen un correcto flujo de información y comunicación. Compartir la información y una buena comunicación es un elemento crucial para el correcto funcionamiento del grupo. No garantizan el éxito, pero su ausencia puede conducir fácilmente al fracaso del grupo.

Fracaso y conflicto

El fracaso puede surgir de una gran variedad de disfuncionalidad. Una de las más frecuentes es el “conflicto”. Parte de los conflictos en el trabajo colaborativo surgen de malentendidos y de una mala comunicación; otras veces, la causa es la ausencia de liderazgo, dotarse de un líder es importante. También lo es disponer de normas de funcionamiento del grupo, tener una correcta y clara determinación de tareas y de logros esperados. La creatividad, la toma de decisiones y el compromiso por buscar una solución a los problemas de funcionamiento del grupo y por alcanzar sus objetivos son muy importantes.

Les salaires dans la fonction publique

D’après l’INSEE1, en 2013, le salaire brut moyen en EQTP (Le salaire en équivalent temps plein) est de 2 982 euros par mois. Le salaire net moyen en EQTP s’établit à 2 469 euros. Les salaires brut et net moyens progressent respectivement de 0,5 % et 0,1 % en euros courants. Cette différence d’évolution est due en partie à la hausse du taux de cotisation salariale au titre de la retraite. La différence de progression entre salaires brut et net s’explique aussi par l’abrogation à partir du 1er septembre 2012 du dispositif d’exonération des cotisations salariales sur les heures supplémentaires. Pour l’ensemble des salariés de la FPE, le salaire net moyen diminue de 0,7 % en euros constants et le salaire brut moyen de 0,4 %.

En 2013, le salaire brut moyen des titulaires (ministères et EPA confondus) se replie de 0,3 % en euros constants :

  1. Principalement du fait de la baisse de 0,2 % du traitement indiciaire brut. Ce retrait s’explique notamment par le gel du point d’indice en vigueur depuis juillet 2010 ; la valeur du point de la fonction publique reste ainsi stable entre 2012 et 2013.
  2. Ensuite, les primes et rémunérations annexes, qui représentent 20 % du salaire brut en 2013, reculent : –0,6 % en euros constants en 2013, après une hausse de 0,5 % en 2012.
    1. Les primes et rémunérations annexes incluent, entre autres, les rémunérations des heures supplémentaires. Or, ces dernières diminuent, en lien avec l’abrogation à partir du 1er septembre 2012 de la loi de défiscalisation des heures supplémentaires.
    2. Les primes et rémunérations annexes incluent également les montants perçus au titre de l’indemnisation de jours épargnés dans le cadre du compte épargne-temps (CET). Le nombre de salariés ayant opté pour cette monétisation des jours CET a augmenté dans les ministères : environ 53 300 personnes en 2013 contre 47 600 en 2012.
  3. Par ailleurs, l’indemnité de résidence et le supplément familial, qui ne pèsent que pour 2 % dans le salaire brut, progressent légèrement (+0,3 %).
  4. Enfin, les cotisations salariales augmentent de 1,5 %, du fait de la hausse évoquée du taux de cotisation au titre de la retraite ainsi que de l’effet en année pleine de l’abrogation du dispositif d’exonération des cotisations sur les heures supplémentaires.

En 2013, hormis pour le premier décile, les salaires diminuent en euros constants à tous les niveaux de l’échelle salariale. La baisse des salaires est plus prononcée dans le haut de l’échelle salariale.

Figure 1 Distribution des salaires mensuels nets en 2013

Source : http://www.insee.fr/fr/themes/document.asp?ref_id=ip1564#figure1

Les écarts de salaires entre les hommes et les femmes se réduisent très légèrement : en 2013, le salaire net moyen en EQTP des femmes est inférieur de 14,7 % à celui des hommes, contre 14,8 % en 2012. Cet écart est plus marqué pour les salariés de catégorie A (17,9 %) que pour les catégories B (10,7 %) et C (10,4 %).

Les femmes ont plus fréquemment des parcours professionnels caractérisés par des périodes de travail à temps partiel et/ou des interruptions de carrière qui pèsent sur leurs trajectoires salariales. Elles occupent aussi moins souvent les postes les plus rémunérateurs. Elles représentent notamment près des deux tiers des enseignants, qui, à catégorie donnée, sont moins rémunérés en moyenne que les autres salariés de la FPE (Établissements publics administratifs).

 

Références

1INSEE, Les salaires dans la fonction publique d’État, INSEE-PREMIÈRE, nº 1564, Août, 2015

La composición del grupo de trabajo

En una entrada anterior, presentábamos el Modelo Inputs-procesos-outputs (MIPO) a efectos de analizar los equipos de trabajo y su rendimiento. En esta entrada, abordaremos algunos de los aspectos relativos al primero de los constituyentes del MIPO: la composición del equipo de trabajo.

Ilustración 1 MIPO (Modelo Inputs, procesos, outputs)

Capital humano y capital tecnológico

Habíamos definido los inputs como el conjunto de recursos con que cuenta un equipo de trabajo. Hablar de inputs del equipo equivale, en gran medida, a tratar de la composición del equipo. Ciertamente, un equipo de trabajo está compuesto por personas y un conjunto de elementos adicionales (medios de producción o de trabajo con determinados niveles de tecnología). Existen pues personas y recursos productivos. Podríamos utilizar otro tipo de lenguaje y hablar de personas y de medios de producción, y también de capital humano y de capital productivo.

Ilustración 2 Composición del equipo de trabajo

La mayoría de los estudios, a la hora de hablar de la composición del equipo de trabajo centran su atención en las personas. Se trata, en nuestra opinión, del elemento fundamental en la composición del equipo de trabajo. Sin embargo, el desempeño de las personas y del equipo está también influido por la tecnología disponible y, ésta viene determinada por el capital productivo o por los medios de producción de que se dispone. Así por ejemplo, en el caso de los grupos de trabajo virtuales, las plataformas tecnológicas que utilicen son un aspecto importante a la hora de poder valorar el desempeño del grupo como también la idoneidad de algunos de sus miembros.

Además, las características de los miembros del equipo se enfocan en términos de competencias y habilidades y, una parte de éstas deben contrastarse con los medios tecnológicos disponibles.

Competencias y habilidades

A efectos de comparar dos o más equipos, la composición del equipo se establece sobre la base del conjunto de atributos con que cuenta cada equipo y del modo en estos atributos se combinan y se movilizan a efectos de llevar a cabo el desempeño asignado.

Tres aspectos importantes en la consideración de los atributos son de cuántos se dispone, cuáles son, cómo se distribuyen entre los miembros del equipo y cómo evolucionan en el tiempo. Para responder a estas preguntas, necesitamos abordar primero la cuestión de las competencias y las habilidades como ingredientes de los atributos.

Ilustración 3 Rasgos básicos en el análisis de los atributos

Los atributos del grupo emergen a partir de las competencias y habilidades que aportan los miembros del grupo. Cada individuo dispone de un conjunto de competencias y habilidades que contribuyen a la realización de las tareas del grupo. Ese conjunto, al combinarse o enfrentarse a las de los restantes miembros, se pone al servicio de los objetivos del grupo.

Ilustración 4 Arquitectura de las competencias