Trabajar en equipo

E. Furió

efurio@valitrenta.com

A la hora de trabajar en equipo, hay algunos elementos que conviene tener presentes.

  1. Trabajar con confianza implica necesariamente trabajar y construir la confianza: es un elemento indispensable para el trabajo en equipo. Crear un ambiente favorable que permitirá que unos y otros conozcan y reconozcan las habilidades de todos los miembros del equipo, es fundamental. El conocimiento y reconocimiento de las habilidades y competencias es muy importante para entender los papeles y las funciones de los miembros del equipo y así llegar saber cómo es posible ayudarse mutuamente.
  2. Establecer objetivos comunes. La eficacia de un equipo requiere que todos los miembros persiguen las mismas metas. Es importante comunicarlas, que sean comprensibles y tengan el mismo sentido para todos los miembros del equipo. La comunicación es crucial y hay que dedicarle el tiempo y los recursos necesarios, verificar que la información llega y es asimilada adecuadamente para la funcionalidad del grupo.
  3. Trabajar con espíritu de equipo requiere un sentido de pertenencia. Los seres humanos se mueven entre la individualidad y la pertenencia a un colectivo, necesitamos ser nosotros y ser alguien para los demás. Tener una identidad del equipo es un factor poderoso en su creación. Pero esta identidad no puede ser ajena al equipo y a sus miembros. Busca y define qué identifica a los miembros y al equipo, fija valores y haz que cada uno de los miembros sea consciente de su impacto en el equipo.
  4. La pertenencia pasa también por el compromiso en las decisiones;
    y, este hecho pide involucrar a los miembros en las decisiones, hacerlos participes. Liderazgo no es sinónimo de autocracia. Propicia la generación de ideas, abre la mente y motiva a los miembros a compartirlas. Los valores deberán hacer que las ideas sean positivas. Propicia la retroalimentación y así también favorecerás el cambio.
  5. Hacer críticas constructivas. No se critican a las personas, se criticas las propuestas por su contenido, no por quien las formula. Centrado en las ideas, arguméntalas o refútalas. El entendimiento se llave, el reconocimiento es clave. Propicia la rotación en las funciones para favorecer el reconocimiento. También será un paso por crear empatía. Focalizarte en las relaciones más que en las personas.
  6. Propicia la responsabilidad y el compromiso mutuo. El éxito o el fracaso del proyecto depende de muchos factores. Pero los miembros del equipo deben ser conscientes de la importancia de su contribución. Hay que evitar la consideración de que «eso no es mi problema, es responsabilidad de…» Problemas y soluciones son elementos compartidos. También lo es el éxito y el fracaso.
  7. La comunicación es fundamental. Canales, ritmos y contenidos deben ser los adecuados. Ni demasiado ni demasiado poco. Transparencia, evitar los rumores, propiciar retroalimentación, hablar y escuchar a los directamente implicados, escuchar, escuchar, escuchar.
  8. La diversidad es una fuerza si se sabe utilizar. La homogeneidad puede reducir algunos costes de transacción, es cierto. Pero el potencial innovador de la diversidad es mayor, permite encontrar una mayor variedad de soluciones factibles a un problema. De hecho, a veces permite reconocer la existencia misma de un problema. Gestionarla es clave y reconocer las diferencias en términos culturales, de competencias y de habilidades forma parte de la gestión del equipo.
  9. Celebrar colectivamente los éxitos. Reconocer y agradecer el trabajo
    hecho, felicitar individual y colectivamente a los miembros del equipo.
  10. Desarrollar el liderazgo: implicarse, dedicarse, formar parte del equipo, guiar, tomar decisiones, fortificar valores, ver más allá.

 

Covid-19 y desigualdades económicas

Las expectativas de vida saludable y las tasas de morbilidad y de mortalidad manifiestan diferencias sistemáticas entre los poblaciones ricas y pobres, tanto a nivel de comparaciones internacionales como en el interior de un mismo país.

Las poblaciones pobres viven en condiciones materiales de peor salubridad en términos de nutrición y de cobertura de otras necesidades básicas que repercuten negativamente en sus condiciones de salud. Además, en condiciones normales, no disponen de un acceso suficiente a los servicios de salud y, en condiciones de crisis económica y sanitaria, la vulnerabilidad se acrecienta. Bajo estas circunstancias, es muy previsible que el riesgo de morbilidad y de mortalidad asociada con COVID-19 sea significativamente elevada.

La perpetuación de la pandemia, la incertidumbre asociada a las consecuencias del virus, los efectos de la crisis económica y el desconocimiento de la eficacia de las respuestas políticas nacionales e internacionales pueden agravar la morbilidad y mortalidad y las condiciones materiales de vida de amplias capas de población tanto a nivel internacional como en el interior de los países, incluidos aquellos con alto nivel de ingresos.

Como consideran Faheem Ahmed, Na’eem Ahmed, Christopher Pissarides, Joseph Stiglitz, se hace necesario que una parte significativa de recursos financieros y sanitarios se determinen con el propósito de reducir las desigualdades en lugar de exacerbarlas(1).


  1. Why inequality could spread COVID-19, Faheem Ahmed, Na’eem Ahmed, Christopher Pissarides, Joseph Stiglitz, Lancet Public Health 2020, April 2, 2020, https://doi.org/10.1016/S2468-2667(20)30085-2

Costes económicos de la obesidad y el sobrepeso

Los especialistas coinciden en que los costes de la obesidad por la caída de la productividad y el absentismo laboral superan ampliamente a los derivados de los gastos sanitarios.

El análisis económico de los costes de la obesidad y el sobrepeso diferencia entre costes sanitarios directos y costes indirectos. Estos últimos están relacionados con las pérdidas que la situación individual de sobrepeso y obesidad ocasiona tanto a los individuos que las padecen como a la sociedad en su conjunto. Se trata, en este caso, de pérdidas de producción bien por una menor productividad por individuo y hora trabajada o bien por pérdidas en el tiempo de trabajo. Todos los autores son unánimes al expresar que los costes indirectos superan ampliamente a los directos, aquellos relacionados con el gasto sanitario.

Sigue leyendo en Alternativas Económicas, Enero 2019, nº 66, por M. Alonso y E. Furió

Los desequilibrios macroeconómicos en la Argentina de 2018

En una entrada anterior, analizábamos la situación vivida por Argentina en la primera quincena de mayo de 2018 a raíz del vencimiento de los Lebac. Finalizábamos la misma aludiendo a los desequilibrios macroeconómicos de la economía argentina. Veamos ahora la naturaleza y magnitud de estos.

Recordemos, antes que nada, que los desequilibrios macroeconómicos pueden ser de orden interno y/o externos. En el primer caso, se trata de la inflación (o hiperinflación) y el déficit y la deuda pública. En el ámbito de las relaciones económicas internacionales, se trata del desequilibrio externo, con las consiguientes tensiones cambiarias y de flujos financieros internacionales. Seguidamente, comprobaremos que Argentina cuenta con esta triada de desequilibrios macroeconómicos.

Para muchos analistas y, también, para una parte de los empresarios que se reunieron con el gobierno en plena crisis cambiaria, el inadecuado enfoque en el contenido y/o en la temporalidad de las reformas estructurales propuestas por el gobierno es la clave de la situación actual. También, la herencia económica de las presidenciales anteriores ha contribuido a la gravedad de la coyuntura actual.

Es particularmente grave la situación en términos de desequilibrio en el sector público (Gráfico 2, Gráfico 3, Gráfico 4). El desequilibrio de las cuentas públicas y la búsqueda de una solución al mismo penaliza  seriamente el poder adquisitivo de los ciudadanos, y con ello el consumo, el ahorro interno y la inversión. La evolución de los precios con tasas de inflación del orden del 25 % (Gráfico 1) también reduce el poder de compra, penaliza seriamente a la toma de decisiones económicas y merma la capacidad exportadora de la economía argentina. La agudización del déficit en la balanza por cuenta corriente (Gráfico 5) y la consiguiente presión contra el peso (Gráfico 6) no hacen más que agravar la situación y dificultar el manejo de la política económica.

Las medidas económicas más inmediatas apuntan a un encarecimiento de los tipos de interés propios de una política monetaria restrictiva, una política fiscal igualmente restrictiva basada en incrementos fiscales y reducciones de gasto público; y, la búsqueda de una financiación externa de la mano del acuerdo con el FMI.

La necesidad de afrontar simultáneamente tres desequilibrios macroeconómica plantea enormes dificultades técnicas en la definición de una política económica correcta. No obstante,a las dificultades técnicas, hay que añadir las características institucionales argentinas y la elección presidencial de 2019.

Como manejaran la situación las autoridades (internas y externas) y los agentes económicos, lo analizaremos en futuras entradas.

Gráfico 1. La inflación en Argentina

Fuente: Fondo Monetario Internacional, http://www.imf.org/external/datamapper/PCPIPCH@WEO/ADVEC/ARG (22/05/2018)

Gráfico 2 Déficit y déficit primario públicos de Argentina

Fuente: tomado de http://www.politicargentina.com/notas/201805/25609-.html (22/05/2018)

Gráfico 3 Deuda Pública en Argentina

Fuente: Fondo Monetario Internacional, http://www.imf.org/external/datamapper/PCPIPCH@WEO/ADVEC/ARG (22/05/2018)

Gráfico 4 Evolución de la deuda pública de Argentina

Fuente: tomado de http://www.politicargentina.com/notas/201805/25609-.html (22/05/2018)

Gráfico 5 Evolución de la cuenta corriente en Argentina

Fuente: Fondo Monetario Internacional, http://www.imf.org/external/datamapper/BCA_NGDPD@WEO/ADVEC/ARG (22/05/2018)

Gráfico 6 Evolución del tipo de cambio dólar-peso

Fuente: tomado de http://www.politicargentina.com/notas/201805/25609-.html (22/05/2018)

La crisis financiera en Argentina de 2018

El mundo no está listo para otra crisis financiera, pero otra crisis financiera puede estar lista para el mundo, ha escrito Robert J. Samuelson en referencia a la situación de Argentina en mayo de 2018 (The Washington Post, 13 mayo 2018). Desde mediados de abril, el peso argentino se ha depreciado frente al dólar estadounidense en un 12%. Frente al riesgo de la situación, las autoridades monetarias han aumentado el tipo de interés desde un 25,75% hasta el 40% y han llevado a cabo operaciones en el mercado cambiario con el propósito de estabilizar el tipo de cambio en los 25 peso por dólar. Y, el gobierno argentino ha iniciado las negociaciones para la solicitud de un rescate financiero al Fondo Monetario Internacional. También se está reuniendo con la oposición política y con los agentes económicos nacionales.

En el corto plazo, la situación es grave por el vencimiento el 15 de mayo de 617.0000 millones de dólares en Lebac (Letras del Banco Central de Argentina). Son títulos de deuda a corto plazo que licita el Banco Central de la República Argentina (BCRA) el día previo al tercer miércoles de cada mes, con pago total y único al vencimiento; y, cuyo rendimiento o costo financiero surge de una tasa de descuento implícita para el período en cuestión. Existen LEBAC en pesos, en pesos ajustables por CER y en dólares. Cuenta con diferentes plazos de tiempo: 35, 63, 91 y 270 días (Tabla 1). Los de este vencimiento están nominados en dólares.

Tabla 1. Cronograma de LEBACs para 2018.

Licitación Liquidación
20-feb.-18 21-feb.-18
20-mar.-18 21-mar.-18
17-abr.-18 18-abr.-18
15-may.-18 16-may.-18
19-jun.-18 21-jun.-18
17-jul.-18 18-jul.-18
14-ago.-18 15-ago.-18
18-sep.-18 19-sep.-18
16-oct.-18 17-oct.-18
20-nov.-18 21-nov.-18
18-dic.-18 19-dic.-18
Fuente: BCRA

De acuerdo con información aparecida en el periódico Clarín (14/05/2018), un 5% de estos títulos están en manos de no residentes. La volatilidad del dólar podría favorecer que, estos desestimasen la alta rentabilidad que ofrecerá previsiblemente el Banco Central y decidan liquidar sus posiciones en Argentina.

Según la estimación publicada por Clarín.com, un 46% de los Lebac en circulación están en manos de los bancos estatales. El Banco Nacional cuenta con algo menos del 10% de este vencimiento; el Banco Provincia con algo más del 6%, el Banco Hipotecario con un 1,3%; y el Banco Ciudad con casi un 1%. El segundo grupo de tenedores de la deuda del Banco Central está formado por los fondos comunes de inversión, con un 10% del total.

En tercer lugar, se encuentran los bancos provinciales. Entre ellos, destaca el Banco de la provincia de Córdoba (un 1,8 %); el BBVA Francés (1,77 %); el HSBC 1,48 %); San Juan (1,09 %), Citibank (0,9 %), Santiago del Estero (0,8 %), Patagonia (0,7 %); ICBC (0,64 %), el Banco de Corrientes (0,6 %) y el resto de los bancos agrupa menos del 5,5 %. El sector público posee un 7,56 %. Las empresas poseen un 7,18 % y las personas físicas casi un 9%.

El Banco Central apuesta por que la mayoría de los tenedores renueven los títulos. Según las estimaciones podría manejar hasta un 20% de no renovación. El Banco Central ha anunciado que ha previsto disponer de fondo en dólares para responder a la situación que resulte del vencimiento. Pero a esta demanda de dólares, hay que añadir la procedente de demandas de las casas matriz de las entidades que operan en Argentina.

De proseguirse la caída del peso se agravarían prácticamente todos los desequilibrios macroeconómicos de Argentina.

Desarrollo económico, especialización productiva y política económica

De acuerdo con el enfoque convencional de la Economía, los fundamentos de un país son sus dotaciones de capital físico, capital humano, recursos naturales y recursos tecnológicos, junto con la calidad general de sus instituciones, determinan los costos relativos y los patrones de especialización que va con ellos. Para algunos economistas, los intentos para remodelar la estructura de producción más allá de los límites establecidos por estos fundamentos es probable que fallen e, incluso, que obstaculicen el desempeño económico. Con ello, concluyen, pretender rebasar la dotación de recursos e institucional sería contraproducente para el propio bienestar de la sociedad.

Ilustración 1. El desarrollo económico en el enfoque económico convencional

Frente a este punto de vista convencional, Ricardo Hausmann, Jason Hwang y Dani Rodrik[1] argumentan que los patrones de especialización son, en parte indeterminados y pueden resultar de elementos idiosincrásicos. En su opinión, si bien los fundamentos establecidos por el enfoque convencional juegan un papel importante, no especifican de manera única lo que un país producirá y exportará. Además, no todos los bienes son iguales en términos de sus consecuencias para el desempeño económico. Especializarse en algunos productos traerá un mayor crecimiento que la especialización en otros. A lo cual podríamos añadir que un mismo bien puede ser producidos siguiendo diferentes métodos productivos.

La base del análisis de Hausmann Hwang y Rodrik se basa en la noción de «descubrimiento de costos». Un empresario que intenta producir un bien por primera vez en una economía en desarrollo necesariamente se enfrenta a una considerable incertidumbre de costos. Incluso si lo bueno viene con una tecnología estándar («blueprint»), la dotación de factores domésticos y las realidades institucionales requerirán retoques y adaptación local. Lo que el empresario hace es explorar la estructura de costos subyacente de la economía.

El éxito del empresario pionero describirá el camino de otros muchos empresarios, no únicamente porque muestre un producto de éxito en el mercado de productos, sino también porque habrá allanado el camino en los mercados de insumos. Si el proyecto es exitoso, otros empresarios aprenderán que el producto en cuestión puede ser producido de manera rentable y emular al titular. De esta forma, las ganancias del descubrimiento de costos del inversionista pionero se socializan. Si, por el contrario, el proyecto emprendido no tiene éxito y finalmente se muestra un fracaso, las pérdidas no serán socializadas sino el titular del proyecto las asumirá en solitario.

Ilustración 3 Contribuciones de los empresarios pioneros

En tal contexto, la gama de bienes que una economía acaba produciendo y exportando está determinada no sólo por los fundamentos habituales, sino también por el número de empresarios que pueden ser estimulados a participar en el descubrimiento de costos en los sectores modernos de la economía. Cuanto mayor sea este número, más cerca estará la economía de su frontera de productividad. Cuando hay más descubrimiento de costos, la productividad del conjunto resultante de actividades es más alta en términos de expectativas y el premio en los mercados mundiales es más grande.

Hausmann, Hwang y Rodrik están interesados ​​en mostrar que algunos bienes comercializados están asociados con niveles de productividad más altos que otros y que los países que se adhieren a productos de mayor productividad por medio del proceso de descubrimiento de costos que acabamos de describir, tendrán un mejor rendimiento. Los autores ofrecen un índice cuantitativo que clasifica los bienes comercializados en términos de su productividad implícita. El índice toma un promedio ponderado del PIB per cápita de los países que exportan un producto, ponderado por la ventaja comparativa revelada de cada país en ese producto.

Los autores concluyen que los países que exportan bienes asociados con niveles de productividad más altos crecen más rápidamente. Este resultado se obtiene también tras descontar el efecto que sobre el crecimiento económico tienen el ingreso per cápita, los niveles de capital humano y las características de país invariantes en el tiempo.

¿Cuál es el mecanismo económico que impulsa este crecimiento? En su explicación, el crecimiento económico es el resultado de la transferencia de recursos de actividades de menor productividad a bienes de mayor productividad identificados por el proceso de descubrimiento de costos empresariales. Una característica importante de estos productos es que existe una demanda elástica para ellos en los mercados mundiales, de modo que un país puede exportarlos en grandes cantidades sin efectos adversos significativos en términos de intercambio.

La promoción del espíritu de empresa y la inversión en nuevas actividades, la diversificación productiva, parecen ser fundamentales para el crecimiento económico. La clave para obtener una mayor eficiencia asignativa en una economía como resultado de estos procesos, se encuentra en la generación de efectos informativos para los imitadores. El corolario inmediato podría formularse de manera excesivamente simple diciendo que parecería conveniente subsidiar a los participantes iniciales en las nuevas actividades, pero no a los emuladores. Es evidente que está formulación encierra múltiples complejidades: no simplemente determinar a quiénes subsidiar, sino también qué, cuándo, cuánto, …

Por otra parte, también cabe la posibilidad de que los iniciadores de nuevas actividades se aprovechen de recursos ya puestos en marcha o preparados previamente por otros empresarios o el propio sector público. Asimismo, en lugar de subsidiar a los pioneros, el gobierno puede contribuir a mejorar la oferta de recursos y capacidades susceptibles de múltiples usos por parte de los empresarios. Se trataría de una especie de política de entorno, anticipativa.

Ciertamente, el problema en este punto es llevar a cabo la buena anticipación. También lo en el caso de establecer compensaciones a los empresarios iniciadores, puesto que solamente a posteriori sabremos que los son, sabremos que han abierto una senda fructífera para el desarrollo económico y que su contribución es importante y merece ser reconocida y, tal vez, recompensada.

Otro problema de la instauración de compensaciones en favor de los indicadores es qué hacer con los beneficios extraordinarios que, con frecuencia, gozan las empresas pioneras. A medida que se desarrolla una industria o sigue a adelante el ciclo de vida de un producto, la tasa de beneficios de las empresas se reduce. La entrada de nuevos productores conduce a una eliminación de los beneficios extraordinarios que presentan la industria o el producto. Pueden considerarse estos beneficios superiores y temporales como la compensación que el mercado ofrece no únicamente por la venta del nuevo producto, sino también y sobre todo por la apertura de nuevas actividades. Si los beneficios extraordinarios y temporales cumplen esta función, las bases justificativas de la acción pública pareces quebrarse.

Referencias

[1]    R. Hausmann, J. Hwang, and D. Rodrik, «What you export matters,» J. Econ. Growth, vol. 12, no. 1, pp. 1–25, 2007.

La política en la Economía

Matilde Alonso y Elies Furió (Universidad de Lyon, Francia)

El Brexit y la victoria de D. Trump en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos han evidenciado la facilidad con la que se equivocan los economistas cuando en sus análisis intervienen variables de naturaleza política. Es cierto que los factores políticos no se sitúan en el centro del análisis económico, sino que, en no pocas ocasiones, están subestimados, cuando no simplemente se les considera factores exógenos. Sin embargo, nada de ello parece impedirnos a los economistas establecer conclusiones sobre procesos que son fundamentalmente políticos y, a partir de ellos, desarrollar las consecuencias económicas de la situación política.

Asimismo, en no pocas ocasiones, parte de la clase política parece delegar en la economía y los economistas para buscar causes de solución a problemas eminentemente políticos. No pocos aspectos del conflicto entre Cataluña y Madrid sobre el encaje institucional de aquella son una muestra. Voilà: la política en la Economía.

La política como una perturbación externa en la economía

Existe una tendencia por parte de los economistas a atribuir a los eventos políticos la naturaleza de un shock exógeno. Dentro de la más pura tradición del análisis cíclico, estos shocks políticos exógenos perturbarán la economía a corto plazo, la desplazarán temporalmente fuera de su senda de comportamiento a largo plazo, pero en modo alguno, conducirán a una modificación de la tendencia a largo plazo de la misma. En este sentido, la política en el peor de los casos solo sería una distracción temporal de la situación y evolución económicas. La racionalidad de las expectativas podría acortar la duración de la distracción.

En cambio, si nos posicionamos en la perspectiva de las teorías de los ciclos reales, los shocks tienen consecuencias permanentes y modifican la senda de comportamiento a largo plazo de las economías y por ende de las sociedades, alteran las trayectorias en las que se mueve la economía de los países. Aquí, los shocks políticos (dependiendo de su naturaleza y alcance) podrían manifestar sus consecuencias económicas a medio y largo plazo, escasamente a corto plazo.

La política y los mercados

Por su parte, los mercados parecen caracterizarse por dos posicionamientos antagónicos. A corto plazo, parece que sobreestimen ex-ante el riesgo y consecuencias de los eventos políticos caracterizados a priori como negativos. Antes de celebrarse el referéndum sobre el Brexit o las elecciones presidenciales norteamericanas de 2017, ante las previsiones de las encuestas de la victoria del sí para el Brexit, de la de Trump como presidente de Estados Unidos o de un sondeo muy favorable a Marine Le Pen en Francia, los mercados penalizan la cotización de las acciones y de la deuda. Sin embargo, una vez sucedido el acontecimiento, en los casos británico y estadounidense, las bolsas abandonan las caídas anteriores y parecen buscar las virtudes del nuevo escenario; buscan ver lo que no habían visto -o sabido ver- con anterioridad al suceso.

Da la impresión que el riesgo político estaba asociado al evento mismo y no a las consecuencias del evento. Parece que el mercado hiciese una apuesta sobre un evento, si pienso que voy a perder, las bolsas caen; pero una vez he perdido (o ganado, según mi apuesta), lo que sigue es una nueva partida y, esto es empezar de nuevo.

Este modo de proceder supone pensar en términos de modelos económicos de plastilina. Hago una figura, si no me gusta, hago otra sin problemas. Una parte de la esfera financiera puede ser como la plastilina por su alta liquidez relativa; la estructura productiva, nunca lo es.

Además, este forma de modelizar la realidad supone infravalorar las consecuencias a medio y largo plazo de los acontecimientos políticos y manejar los asuntos económicos de un modo excesivamente simplista.

Sendas posibles y bifurcaciones

En el caso del Brexit, un coste político y económico altamente importante es que se pone fin a la irreversibilidad mental del proyecto europeo (aunque tampoco se niega que siga adelante). Esto implica un nuevo escenario entre los susceptibles de ser emprendidos, una renuncia implícita a la búsqueda de soluciones alternativas dentro del proyecto europeo y el reconocimiento explícito que otras soluciones fuera del mismo, ayer descartadas, son factibles.

Es cierto que los costes finales -políticos y económicos- están muy vinculados al sendero exacto con que se construyan esas decisiones políticas. Pero, no es difícil anticipar alteraciones que el Brexit puede ocasionar en los flujos comerciales, financieros, humanos y turísticos dentro de la Unión Europea actualmente existente. Las consecuencias económicas y políticas de facturas ocasionadas por el propio Brexit son más difíciles de cuantificar, pero existen y existirán.

Del mismo pecado padecen muchos de los análisis hechos sobre el conflicto catalano-madrileño. Los independentistas infravaloran costes y sobrevaloran beneficios, los centralistas hacen lo contrario. Pero costes y beneficio están asociados a un proceso que nos es desconocido. Pero el proceso por el encaje dentro o fuera es político.

Variables políticas en los mecanismos económicos

Es pues necesario que el análisis económico incorpore las variables y mecanismos políticos para poder establecer conclusiones pertinentes en el terreno económico. Es preciso escapar de simplificaciones o de razonamientos ingenuos: «Una vez elegido, Trump suavizará irremediablemente su discurso dado que sobre las decisiones del Presidente incidirán la corriente moderada del partido republicano y el propio pragmatismo de la administración estadounidense. La reacción de los mercados financieros actuará en consonancia». Hay demasiados supuestos en este tipo de afirmaciones y una total ausencia de análisis político para que pueda informar la acción pública y privada en materia económica.

El riesgo político y sus consecuencias económicas y políticas emanaría de lo que algunos analistas y comentaristas han llamado el impacto del populismo sobre la gobernabilidad de un país a largo plazo.

En qué medida el Brexit, el triunfo electoral de Trump, el avance electoral de Marine Le Pen en Francia, la presencia en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales austriacas de un partido nacionalista, el no al referéndum italiano sobre la reforma constitucional propuesto por Renzi, el crecimiento electoral de Podemos en España, el posicionamiento independentista en Cataluña, entre otros, no son todos manifestaciones contradictorias de algunos fenómenos coincidentes a escala global.

Electores-ciudadanos y partidos políticos

Entre ellos, los cambios en las prioridades de electores y gobernantes y la no coincidencia entre ellas; y, también, el distanciamiento entre ciudadanos y electores, por una parte, y políticos y partidos políticos, por otro. El impulso electoral de Podemos y Ciudadanos y la previsible ruptura del bipartidismo en España evidenciarían un nuevo ciclo político alimentado por múltiples acontecimientos y errores políticos.

La creencia de parte de la clase política de que ciertos acontecimientos políticos no puede producirse no es más que un olvido de la historia, de la teoría básica de las estrategias de negociación y de una confusión entre la realidad y sus propios intereses.

El electorado en muchos países tiene la impresión de que los políticos han conformado la realidad a sus propios intereses. En esta tarea, gran parte de los políticos han llegado a creer que no puede materializarse ningún escenario contrario a esos intereses suyos, hasta el extremo que ellos mismos han ignorado las continuas advertencias (de la victoria electoral de posiciones políticas firmemente nacionalistas o antieuropeas, del avance de los partidarios de la independencia en Cataluña…). «Somos tan necesarios para la buena gobernabilidad de España, que la corrupción nunca nos pasará factura o, cuanto menos esa factura no nos impedirá seguir gobernando», ha podido llegar a pensar algún político español de distinto signo ideológico.

Internet y la globalización

Entre otros factores, Internet está detrás del cambio de comportamiento político de los ciudadanos y electores. Algunos políticos no llegan a darse cuenta, otros piensan que es manejable. Pero Internet también hace posible que un acontecimiento político local se convierta en un riesgo global. Internet forma parte esencial de la mundialización financiera y cada vez más de la opinión pública. Al igual que una turbulencia financiera local puede ocasionar serios problemas financieros globales, determinados acontecimientos políticos locales pueden perturbar profundamente la situación política nacional o internacional.

La globalidad del predominio actual de la política puede verse en una serie de situaciones y circunstancias comunes. En primer lugar, la impotencia que se ha instalado en la población ante la idea de una susceptible mejora social a nivel personal. Buena parte de la población piensa que las nuevas generaciones se enfrentan a unas perspectivas vitales peores que las suyas o de sus padres. No sabemos si la idea de progreso ha muerto, pero el sentimiento de la ciudadanía en todo caso es poco propenso a esa idea. La mayor abstención y la volatilidad electorales, el rechazo a la clase política tradicional y la consagración de nuevos personajes políticos son respuestas ante tal impotencia.

Partidos políticos y las preferencias ciudadanas

El surgimiento de nuevos personajes en la escena política forma parte de la búsqueda de nuevos liderazgos por parte de la población y de los electores. Los partidos políticos tradicionales no han sido capaces de asegurar el surgimiento de nuevos líderes, tampoco han sabido atraerlos. Demasiado preocupados en los asuntos de aparato, pensarán unos, o preocupados por la persecución de sus intereses privados, proclamarán otros. Pero el hecho es que carecemos de líderes en un momento en que la gobernanza política y económica es sumamente compleja sobre todo por la cada vez mayor polarización social. El incumplimiento de una de sus funciones por parte de los partidos políticos y la llegada de personajes más o menos mesiánicos, debilitan las instituciones ya amenoradas por la ausencia de transparencia y de controles eficaces.

Ante ese nuevo escenario político, tenemos que ser conscientes que las actuales estructuras económicas mundiales no están preparadas y ello genera mucha incertidumbre. A estas alturas no tendríamos que confundir la incertidumbre con el riesgo, pero tampoco pensar que, con poder atribuir una probabilidad a un evento, el riesgo que el mismo conlleva ha desaparecido gracias al mero cálculo. El análisis puede informar la acción, pero no es ni de lejos la acción. Pero, los propósitos de la acción también pueden diferir de las consecuencias finales de la acción.

Mankiw y la Nueva Economía Keynesiana

E.F.

En 1992, N. Gregory Mankiw escribía un artículo dedicado al resurgimiento de la Economía keynesiana[1]. En su opinión, la Nueva Economía Keynesiana (NEK) de la época tenía una serie de rasgos comunes y otros que los diferenciaban del pensamiento keynesiano tradicional. Con éste compartía el cuestionamiento de la visión walrasiana para explicar las grandes expansiones y crisis de la economía contemporánea. También, es común en el tradicional y el nuevo keynesianismo la duda sobre la capacidad del mercado para asegurar el mantenimiento de una situación de pleno empleo. El tercer punto común es la consideración de que el propio funcionamiento del mercado es una causa importante de los ciclos económicos[2].

Existen diferencias entre el tradicional keynesianismo y la NEK. Un aspecto que el NEK ha hecho más evidente es que los economistas que hoy en día se consideran keynesianos también son conscientes (o no) de que su doctrina económica no sigue necesariamente los contenidos de la Teoría General de Keynes u otros de sus escritos. Incluso, algunos de ellos, son conscientes de las discrepancias con el texto fundador del keynesianismo. Asimismo, algunos de los miembros de la NEK reconocen abiertamente la influencia del monetarismo de Friedman y de las ideas de otros autores completamente ajenos al pensamiento keynesiano.

La NEK, a diferencia de los primeros keynesianos, está mucho más preocupada por el largo plazo. Para los nuevos keynesianos, el largo plazo no es la mera adición de cortos plazos. La importancia adquirida por la Economía del crecimiento y su nuevo enfoque serían una manifestación de esta preocupación.

A pesar de los tiempos económicos de la Gran Recesión, parece que no se corre el riesgo de una situación caracterizada por un exceso de ahorro (frente al gasto) como causa de un estancamiento económico prolongado. Un corolario de ello es la consideración de la no oportunidad de un déficit público como recurso para superar los momentos de dificultad económica. Frente a la excesiva preocupación de los antiguos keynesianos por una propensión excesiva al ahorro[3], son muchos los economistas que ahora piensan que una mayor propensión al ahorro puede fortalecer el crecimiento a largo plazo. E, incluso, para algunos economistas y responsables políticos parte de los problemas actuales están vinculados a los desequilibrios globales en el ahorro, puesto que algunos países tienen un exceso de gasto sobre el ahorro nacional (Estados Unidos y buena parte de Europa) mientras que otros presentan un exceso de ahorro (China y Alemania, por ejemplo). Este desequilibrio sería un componente más de la Gran Recesión.

Un cambio mayor en la opinión entre los viejos y los jóvenes keynesianos parece encontrarse en el papel asignado a las políticas monetarias y fiscales. Para los viejos keynesianos, la política de gestión de la demanda, la política de estabilización, debía recaer en la política presupuestaria. La política monetaria vendría determinada básicamente como una política instrumental al servicio de la presupuestaria. En cambio, en la actualidad, la posición se ha invertido, la política monetaria se ha convertido en la pieza clave y principal de las políticas de gestión macroeconómica. La mejor política presupuestaria es aquella que no perturbe en absoluto a las magnitudes monetarias. De ahí, la insistencia en el equilibrio presupuestario y la sostenibilidad de las finanzas públicas.

La gestión de política económica de la Gran Recesión en Europa evidencia esta evolución doctrinaria. Pocas voces de los economistas instalados y con un público cautivo e influyente están dispuesto a aceptar un mayor protagonismo de la política fiscal. La política monetaria es suficiente, piensan; además, la voluntad del gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi, de hacer cuanto sea necesario, reconforta este posicionamiento doctrinario.

Es cierto que dados los elevados niveles de deuda que presentan algunos países europeos (por encima del 100% de sus respectivos PIB o próximos a ellos) y el carácter estructural del déficit primario de algunas economías, aumentar el gasto público podría provocar o agravar las dificultades de las finanzas públicas. La mercado de la deuda soberana podría adquirir una gran inestabilidad y perturbar al conjunto de la economía si el nivel de los tipos de interés abandonase la actual excepcionalidad (tipos nulos o negativos). En este sentido, no sería un error insistir en la necesidad de reducir los niveles de la deuda soberana, aunque sí podría serlo depositar todas las confianzas de la recuperación económica a largo plazo en la política monetaria. Fundamentar las bases del crecimiento económico a largo plazo en unos tipos de interés reales negativos o próximos a cero parece ilusorio.

Pero no siempre están de acuerdo la Nueva Economía Keynesiana y la Nueva Economía Clásica (NEC). En la discusión entre un arbitraje entre desempleo e inflación, la primera dice que existe en el corto plazo, la segunda niega tal arbitraje para cualquier horizonte temporal. Sin embargo, ello no significa que todos los miembros de la NEK sean claramente favorables a una política discrecional frente al seguimiento de reglas de política económica. Para el propio Mankiw[1], la política discrecional es intrínsecamente inflacionista y es preferible, cuando no indispensable, seguir una regla.

Pese a la imprenta que la NEC ha dejado sobre la NEK, ésta todavía sostiene la existencia de un paro involuntario, la no neutralidad del dinero y la rigidez de los precios y los salarios.

Bibliografía

[1]    N. Gregory Mankiw, «The Reincarnation of Keynesian Economics», European Economic Review, vol. 36, pp. 559-565, 1992.

[2]    Furió Blasco, Elies, Los lenguajes de la Economía. Un recorrido por los marcos conceptuales de la economía. Editions Europeennes.

[3]    M. Feldstein, «Counter-Revolution in Progress», Challenge, vol. 31-4, pp. 42-6, ago. 1988.

Déficit y deuda públicos en Francia

En 2014, el déficit público francés representaba un 3,9% del PIB (1). Este ratio confirma una tendencia decreciente motivada por el mayor incremento de los ingresos respecto de los gastos públicos. La tendencia presupuestaria ha sido un crecimiento sobre todo de los ingresos fiscales indirectos y un aumento –menor- de los beneficios fiscales vinculados a programas de inversión empresarial y al empleo.

A nivel de las diferentes administraciones, el mayor esfuerzo lo han llevado a cabo la administración local, seguido de la Seguridad Social. En cambio la administración central ha contribuido al incremento del déficit público, básicamente porque ha asumido el gasto fiscal relativo a los programas de competitividad y empleo.

La deuda pública francesa representa el 95,6% del PIB. Un porcentaje que supone un incremento respecto a los niveles de 2013. Algo más de la mitad de esta deuda pública (57%) está en manos de no residentes. Un 12% del total de deuda pública tiene un vencimiento inferior al año.

Estonia es el país europeo con menor ratio deuda pública / PIB (10,6 %) para 2014; mientras que en el caso de Grecia suponía el 177%, Italia 132%, Portugal, 109,7%. El promedio de la eurozona se situaba en 91,9%.

 

Referencia

  1. «Dette et déficit publics», Tableaux de l’Economie Française, INSEE, Edition mars 2016